• Virginia Reginato, alcaldesa de Viña del Mar: de princesa a emperatriz

    la licencia de la doctora cordero

    Virginia Reginato, la actual alcaldesa de Viña del Mar, es una mujer robusta -aunque no al extremo de las de Rubens o Botero- encantadora, cercana, empática y preocupada de sus deberes políticos y humanos. Como dirían los coachings: "Llena de habilidades blandas".

    Voy a tener que controlarme, porque la estimo y respeto, y no quiero ser barrera. La llaman "la tía Coty", pero a mí me carga el título de tía, porque es como los flaites drogos se acercan a las personas para pedirles plata. Para mí, es Virginia, la señora o alcaldesa.

    Originaria de una familia italiana, avecindada en Viña del Mar, jovencita debió trabajar en el almacén de su padre que falleció tempranamente. De ahí que no pudo completar su educación media y debió hacerla muchos años después para cumplir con la ley que obliga a los alcaldes a tener, por lo menos, el cuarto medio o equivalente rendido.

    Fue reina de belleza en las entrañables y tradicionales "fiestas de la primavera" de su ciudad.

    Militante de la UDI, fue elegida alcaldesa y va por su tercer periodo. Vuelve a la palestra mediática porque, a fines de la próxima semana, comienza el Festival de Viña del Mar. Ella le pone mucho empeño y se mojó las nalgas por el traspié de la cazadora Lucerito. Virginia Reginato es incombustible y enfrenta todo.

    Yo no le quiero amargar el día, pero pienso que el festival ha ido perdiendo su esencia. Mantiene el rol, tal vez, de ser una fiesta masiva, pero no causa ningún impacto en el desarrollo musical de nuestro país. Es, por decirlo, una fiesta que señala el fin del periodo estival.

    Suelo ingresar a Viña del Mar por la parte alta de esta ciudad y me parece estar entrando a la ciudad de La Paz, capital de Bolivia, en que se observan cerros de mediana altura atiborrados de casuchas y de fealdad.

    ¿A quién beneficia el festival? Por cierto, al desarrollo hotelero y se crean puestos de trabajo, pasajeros en todo caso. A mí me parece -y aprovecho esta columna para decirlo- que urge preocuparse en serio de las tomas de terreno y de la marginalidad social y económica que rodea a la denominada "Ciudad Jardín".

    También me parece un despropósito el gasto inmenso en fuegos artificiales en ocasión del Año Nuevo.

    ¿No sería más sabio alternar cada año, entre Viña del Mar y Valparaíso, los fuegos artificiales para recibir el nuevo año? ¿No sería más bonito y permanente que cada nuevo año disminuyeran los campamentos, y haya viviendas más sólidas y parajes más lindos que los horribles y pobretones espacios que hoy vemos cuando llegamos por la parte alta de la ciudad?

    Y, entonces, sí se va a merecer el nombre de Ciudad Jardín.

    No se enoje conmigo Coty, pero mi corazón de médico me hace priorizar. Detesto quemar dinero, sobre todo en un país tan pobre, primitivo y asimétrico como es Chile.

    Les deseo mucha suerte a usted, a Carola de Moras, a Rafael Araneda y al equipo que organizará este próximo festival, pero también a usted le dejo la reflexión de la fealdad de los contornos de Viña del Mar.

    1) Gran alcaldesa de Viña del Mar con una tarea inconclusa en los márgenes de la ciudad jardín.

    2) Cálida anfitriona de fines de febrero.

    Indicaciones

    Que no venga a mi consulta, pero que por favor lea esta columna.

  • Ver el filme "La ciudad de la alegría" con Patrick Swayze

    Si se busca una película que nos haga reflexionar sobre la problemática de la pobreza y marginalidad, le recomiendo "La Ciudad de la Alegría" de Roland Joffé, protagonizada por Patrick Swayze. Siempre es posible intentar mejorar la suerte de los más desposeídos.

  • Conocer todos los rincones de Viña del Mar

    Mi mensaje a Virginia Reginato es que comience a visitar con más frecuencia -y llevando soluciones- a las barriadas improvisadas y feas de su comuna. Cuando uno viaja a otra ciudad, puede encontrarse con diversas sorpresas que algunos intentan que no veamos.

  • Tomar un crucero por el Mediterráneo y visitar Italia

    Finalizado el festival, le recomiendo a Virginia Reginato tomar un crucero por el Mediterráneo y bajarse en Italia para visitar la tierra de sus ancestros. Todas las personas debieran, en algún momento de sus vidas, escarbar en su pasado.

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