• One Direction y la histeria adolescente que se repite

    el día de karol dance

    Quiero hablar sobre la histeria colectiva que generan los grupos adolescentes como One Direction. Más de 120 mil personas en dos días, 30 de abril y 1 de mayo, repletaron y colapsaron el coliseo más importante de nuestro país, para dar paso a una fiesta adolescente que revolucionó y puso efervescente hasta a las más chiquititas que gritaban a todo pulmón.

    Este fervor, tan real, es bonito. Es lindo ver a las mujeres gritando, chillando, moviendo los brazos para que su ídolo les haga siquiera un guiño.

    Por eso, estoy en desacuerdo con la decisión del intendente Claudio Orrego de no permitir acampar a las niñas fuera del estadio Nacional. Creo que con esta determinación, se mata la magia de un concierto como este. Ya lo hemos vivido antes, en los shows de Michael Jackson, de Luis Miguel, de Justin Bieber y ahora, no debería haber sido la excepción.

    Este tipo de actividades adolescentes, son parte de una etapa que quizás las niñas nunca olviden. Por supuesto que hay que velar por su seguridad, pero también creo que hay que ser empático. Además, esa medida no cambió en nada la situación porque las niñas y adolescentes acamparon igual en otros lugares.

    Este fenómeno, (de Directioners o Believers) lo comparo con el de mi generación y la revolución que generó Backstreet Boys a fines de los noventa. Recuerdo a mis amigas con los pósters en la pieza. Es que siempre va a haber fanaticada incondicional, ocurrió con los Beatles y hasta con el "Pollo" Fuentes y sus calcetineras.

    Por otro lado, me saco el sombrero por las madres que acompañan a sus hijas en esta aventura. Es conmovedor y también un hermoso gesto, verlas como participan, como hacen lo posible para conseguirse las entradas, como se endeudan. Yo, en lo personal, recibí cientos de llamados en los que las mamás suplicaban la posibilidad de conseguir una entrada, porque por razones económicas no habían podido comprarlas. Me sorprende también que padres gasten dinero que no tienen, en un capricho de su hija para que vea a su ídolo. Así es de fuerte lo que ellas sienten y que, claramente, se lo hacen notar a sus padres.

    Los gritos de estas féminas, que me hacen sonreír desde adentro, son sólo comparables a cuando los hombres gritan un gol de la Selección en el Estadio Nacional y eso, es mucho decir.

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