• Las soluciones para una buena convivencia con el graffiti

    A raíz del vagón rayado que apareció en Valparaíso el domingo pasado, surgen vías alternativas y nuevas explicaciones para los dibujos urbanos que a veces invaden la ciudad.

    La madrugada del domingo un vagón de un tren de la Empresa de Ferrocarriles del Estado (EFE) apareció rayado en Valparaíso y el hecho levantó otra vez el debate sobre el espacio del graffiti en la ciudad. La pieza integraría el nuevo servicio vial de EFE, Rancagua Express, y apenas había sido desembarcada en el terminal portuario Cerros de Valparaíso horas antes de la realización de la pintura. Según las cámaras de seguridad, se trataría de un grupo de ocho personas que ingresó al terminal tras romper una reja. Una estudiante de diseño de 19 años fue arrestada cerca del lugar con latas de spray en su mochila, pero en el control de detención, aclaró que ella sólo estuvo grabando. Aquel rayado porteño no es un hecho aislado.

    Ayer, el diario El Mercurio publicó que la empresa estatal gasta anualmente $300 millones sólo en limpieza y repintado de los trenes atacados. Sólo este año, Metro ha destinado $9 millones en borrar 49 trenes rayados. El Transantiago, en el mismo periodo, ya lleva $149 millones invertidos en reparación de paraderos y dibujos de la misma índole.

    La solución al problema ya no parece ir por la autorización de murallas para el libre albedrío de graffiteros. Los murales permitidos no son suficientes cuando el desafío es el catalizador de los artistas callejeros. "En mi opinión, creo que hay que citar un viejo refrán :"La astucia hizo al ladrón", o más bien "La astucia hizo al graffitero", piensa Gonzalo Castro (26), dibujante urbano desde adolescente y porteño por opción. "Desde el punto de vista del arte, el graffiti partió con el soporte vandálico en New York. Hoy en día muchos grupos organizados se dedican a replicarlo en Chile, donde se mezcla la adrenalina y el compañerismo en el acto", cuenta Castro, y agrega: "Valoro el hecho de burlar todo tipo de seguridad para concretar dicho acto, ya que cualquiera no tiene las agallas para hacerlo. Pero no valoro el hecho de afectar a terceras personas".

    En Ottawa, Canadá, el graffiti se convirtió en un tema municipal. Tanto así que se dispuso un plan ciudadano para combatirlo, con minuta incluida y llamados a reportarlos: "Cuanto más pronto usted divulga el graffiti, más pronto se puede quitar y la probabilidad de recurrencia se puede disminuir hasta en un 85%", reza el decálogo.

    En Santiago, en junio de 2013, la alcaldesa Carolina Tohá impulsó el "Plan de Limpieza de Muros y Fachadas", que se implementó en edificios emblemáticos como el Museo Nacional de Bellas Artes. En la ocasión, previa firma de un convenio, a los vecinos se les entregó pintura antigraffiti y asesoría técnica para su aplicación.

    El sociólogo Mauricio Ríos, académico de la Universidad Santo Tomás de Santiago, ve difícil la convivencia entre ciudad y graffiti: "Hay ciertos elementos que la hacen difícil. Es necesario ir generando diálogos al respecto, a nivel de tolerancia en ciertas acciones. Hace rato no se está respetando el barrio. Las autoridades respectivas tienen que aparecer. Actos como el del vagón en Valparaíso están plagados de egocentrismo. Esta caza de brujas provoca que busquen otros desafíos". También puso énfasis en el descuido y el maltraer de las ciudades invadidas por este tipo de dibujos. El experto dice que aunque el graffiti tiene un afán crítico -por lo que no es casual que se haya atacado el vagón-, "no hay que descuidar el barrio, porque eso le hace mal a sus habitantes", agregó.

    Mural versus graffiti

    Existe una pugna implícita entre graffiteros y muralistas: los primeros al margen de la ley, y los segundos a su alero. Un artista que estuvo en los dos bandos, Felipe Morales (30), explica las diferencias: "Siempre van a estar los muralistas que les pasan la pared y rayan y los que no están ni ahí con eso. Yo estaba en el grupo más "vandal", pero ya estoy más viejo. Estos son la mayoría cabros chicos porque tienen menos responsabilidades", dice Morales. Para Sebastián Arenas (29 años), alias "Teas", muralismo es una evolución y también una solución a los rayados invasivos: "A mí no me ha ido mal, yo pienso harto en la gente que anda en la calle. La gente se relaciona en más armonía con el muro. La misma gente que está chata que rayen calles, puede tener la oportunidad de rayar un mural".

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