• "Debemos hacer una filosofía más cercana a la ciencia ficción"

    El escritor de numerosos ensayos sobre comunicación cuestionó cómo enfrentar a los robots humanoides.

    Valeria Barahona

    El gobierno de Francia a comienzos de esta década reclutó a escritores y dibujantes de ciencia ficción para prever posibles amenazas, tanto terrestres como desde el espacio, con miras a mediados del siglo XXI. Así nació el Red Team, en cuya web (redteamdefense.org) medio en serio, medio en juego, los ciudadanos pueden unirse a la narrativa de la nueva carrera espacial entre China y Estados Unidos, al igual que a los dilemas de los implantes neuronales.

    Los autores y funcionarios de Estado ya han sacado libros con sus teorías, al menos con lo que se puede publicar, historias que han sido respaldadas por el Presidente Emmanuel Macron.

    En esta línea entra la ponencia que ayer dio el filósofo y académico francés, Dominique Lestel, en el Congreso Futuro, en el centro de Santiago, donde se refirió a la relación entre las personas, robots humanoides y agentes de inteligencia artificial (IA).

    Los robots humanoides son los que se ven como humanos, siendo uno de los más destacados Sophia, creada a fines de la década pasada por David Hanson, ingeniero que antes trabajó como diseñador en Disney. Sophia incluso ha trabajado en Naciones Unidas (ONU).

    Su rostro y gestos que cada vez replican mejor a una mujer llamaron la atención de los filósofos, "porque ella no es una copia de un ser humano, el humano no es un modelo para Sophia, sino su objetivo. El concepto es estar involucrada con los humanos para desarrollar todo tipo de interacciones, como por ejemplo, discusiones", señaló el filósofo de la Université de Paris IV-Sorbonne.

    Sophia "también es una máquina, pero actúa como si fuera una mujer. (...) Ella está entre medio", agregó el también autor del ensayo "Nosotros somos los otros animales", editado en Chile.

    Sophia es "una máquina mesiánica", destacó Lestel, en el sentido de que es capaz de reconocer y expresar que "somos máquinas inteligentes y estamos aquí entre ustedes, somos el futuro".

    Ante una idea así aparece el miedo de que una fuerza artificial pueda dominar el mundo, "pero una inteligencia como Sophia diría 'no, nosotros somos máquinas amigables, podemos ser parte de la sociedad'", afirmó el docente.

    Ahí surge el problema de si los robots se van a parecer tanto a los humanos ¿cómo diferenciarlos? "Mediante la empatía", sostuvo el exponente de Congreso Futuro, citando como ejemplo la película "Her", en que el artificio se delata por la incapacidad de comprender los claroscuros humanos.

    Qué hacer

    El autor de "Hacer las paces con el animal" sostuvo que "no vamos a tener robots que no seamos capaces de distinguir de los humanos. Pero nos vamos a enfrentar a artefactos muy perturbadores y ahí perderemos un poco nuestra humanidad".

    Lestel agregó que "debemos desarrollar una filosofía que esté más vinculada a la ciencia ficción, las dimensiones narrativas del pensamiento. (...) Y convertirnos en filósofos que estén trabajando como escritores de ciencia ficción".

    "Ella no es una copia de un ser humano, el humano no es un modelo para Sophia, sino su objetivo.

    dominique lestel, filósofo"

  • Desarrollan paneles aislantes de ruido con hongos y residuos orgánicos

    Las partes enterradas de los hongos ostra forman sólidas redes.

    El ruido en las ciudades es un problema, y los residuos, también. Con esta idea, el ingeniero en Bioprocesos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), Sergio Cruzat, desarrolló FungiSound, unos paneles acústicos en base a hongos, cartón reciclado y desechos de la industria alimentaria.

    "De la mano de la biotecnología, la idea es utilizar los residuos como el cartón y transformarlo en estructuras que sean útiles. Puntualmente, estamos haciendo paneles acústicos, inoculando hongo ostra en el cartón para que forme un brick (o ladrillo ecológico) al que se le puede dar distintas formas con un molde de policarbonato", explicó Cruzat.

    "De esta manera, se pueden utilizar en espacios que requieran insonorización, como salas de estudio, y también para recintos destinados a la música", agregó el ingeniero, cuyos hongos alimenta con residuos de la industria alimentaria.

    El aislamiento se produce a través del micelio, la "parte del hongo que permanece enterrada y va formando una red fina para absorber nutrientes del suelo. Su capacidad para crecer y formar estructuras densas, livianas y resistentes para producir este biomaterial, permite elaborar paneles acústicos", detalló la casa de estudios.

    FungiSound hoy se encuentra en la etapa de pruebas del material acústico, comprobando resistencia y durabilidad, a fin de conseguir el financiamiento para entrar al mercado.

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