• Un neurocientífico lo confirma: los chilenos en invierno duermen más

    Académico explicó que esto se debe a la ubicación geográfica del país, donde los amaneceres ocurren más tarde.

    V.B.V.

    En las mañanas cuesta levantarse y se tiende a culpar al frío, la oscuridad de un día nublado o la lluvia. "En Chile se siente quizás más sueño en el invierno porque, dado el huso horario que rige en la mayoría del territorio continental, el Sol se levanta más tarde de lo que debería, eso significa que el cuerpo (humano) despierta más tarde", explicó el especialista en relojes biológicos y académico de la Universidad de Valparaíso (UV), John Ewer.

    Al usar un despertador, se ordena al cuerpo "levantarse antes de que el organismo esté preparado. Entonces termina acumulando un déficit de sueño y, por lo tanto, se siente más sueño durante el día. Los más afectados son los niños y sobre todo los adolescentes", destacó el biólogo.

    Al cerebro no le importan las alarmas, sino la salida del Sol, debido a que es la fuente de luz más potente a la que se exponen los seres humanos. "Si el Sol aparece más tarde, el cuerpo quiere despertar más tarde", agregó Ewer, ya que los horarios que se tienden a utilizar son acuerdos sociales y no biológicos.

    El neurólogo Germán Gaete afirmó en un artículo publicado por la Sociedad Chilena de Pediatría (Sochipe) que "el sueño no se recupera y se va produciendo una deuda crónica", por lo que recomienda a los jóvenes de entre 18 y 25 años, dormir entre siete y nueve horas diarias, "no menos de seis, ni más de diez u once".

    Para adultos entre 26 y 64 años, "lo ideal es dormir entre siete y nueve horas, aunque no siempre se logra", reconoció el médico. En tanto, para los mayores de 65 años "lo saludable es descansar entre siete y ocho horas".

    El neurólogo y el neurocientífico afirmaron que la deuda de sueño "no se puede pagar", mientras que el cerebro no distingue la luz natural de la artificial, por lo que se recomienda en la tarde bajar la exposición a estas últimas.

    Ewer destacó un estudio publicado en Nature por UK Biobank, con 86.000 participantes, donde se concluyó que "si las personas se exponen a luz durante la noche, aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades" como depresión, ansiedad, estrés postraumático, trastornos psicóticos y bipolar, además de autolesiones.

  • Un neurocientífico lo confirma: los chilenos en invierno duermen más

    Académico explicó que esto se debe a la ubicación geográfica del país, donde los amaneceres ocurren más tarde.

    V.B.V.

    En las mañanas cuesta levantarse y se tiende a culpar al frío, la oscuridad de un día nublado o la lluvia. "En Chile se siente quizás más sueño en el invierno porque, dado el huso horario que rige en la mayoría del territorio continental, el Sol se levanta más tarde de lo que debería, eso significa que el cuerpo (humano) despierta más tarde", explicó el especialista en relojes biológicos y académico de la Universidad de Valparaíso (UV), John Ewer.

    Al usar un despertador, se ordena al cuerpo "levantarse antes de que el organismo esté preparado. Entonces termina acumulando un déficit de sueño y, por lo tanto, se siente más sueño durante el día. Los más afectados son los niños y sobre todo los adolescentes", destacó el biólogo.

    Al cerebro no le importan las alarmas, sino la salida del Sol, debido a que es la fuente de luz más potente a la que se exponen los seres humanos. "Si el Sol aparece más tarde, el cuerpo quiere despertar más tarde", agregó Ewer, ya que los horarios que se tienden a utilizar son acuerdos sociales y no biológicos.

    El neurólogo Germán Gaete afirmó en un artículo publicado por la Sociedad Chilena de Pediatría (Sochipe) que "el sueño no se recupera y se va produciendo una deuda crónica", por lo que recomienda a los jóvenes de entre 18 y 25 años, dormir entre siete y nueve horas diarias, "no menos de seis, ni más de diez u once".

    Para adultos entre 26 y 64 años, "lo ideal es dormir entre siete y nueve horas, aunque no siempre se logra", reconoció el médico. En tanto, para los mayores de 65 años "lo saludable es descansar entre siete y ocho horas".

    El neurólogo y el neurocientífico afirmaron que la deuda de sueño "no se puede pagar", mientras que el cerebro no distingue la luz natural de la artificial, por lo que se recomienda en la tarde bajar la exposición a estas últimas.

    Ewer destacó un estudio publicado en Nature por UK Biobank, con 86.000 participantes, donde se concluyó que "si las personas se exponen a luz durante la noche, aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades" como depresión, ansiedad, estrés postraumático, trastornos psicóticos y bipolar, además de autolesiones.

  • Un neurocientífico lo confirma: los chilenos en invierno duermen más

    Académico explicó que esto se debe a la ubicación geográfica del país, donde los amaneceres ocurren más tarde.

    V.B.V.

    En las mañanas cuesta levantarse y se tiende a culpar al frío, la oscuridad de un día nublado o la lluvia. "En Chile se siente quizás más sueño en el invierno porque, dado el huso horario que rige en la mayoría del territorio continental, el Sol se levanta más tarde de lo que debería, eso significa que el cuerpo (humano) despierta más tarde", explicó el especialista en relojes biológicos y académico de la Universidad de Valparaíso (UV), John Ewer.

    Al usar un despertador, se ordena al cuerpo "levantarse antes de que el organismo esté preparado. Entonces termina acumulando un déficit de sueño y, por lo tanto, se siente más sueño durante el día. Los más afectados son los niños y sobre todo los adolescentes", destacó el biólogo.

    Al cerebro no le importan las alarmas, sino la salida del Sol, debido a que es la fuente de luz más potente a la que se exponen los seres humanos. "Si el Sol aparece más tarde, el cuerpo quiere despertar más tarde", agregó Ewer, ya que los horarios que se tienden a utilizar son acuerdos sociales y no biológicos.

    El neurólogo Germán Gaete afirmó en un artículo publicado por la Sociedad Chilena de Pediatría (Sochipe) que "el sueño no se recupera y se va produciendo una deuda crónica", por lo que recomienda a los jóvenes de entre 18 y 25 años, dormir entre siete y nueve horas diarias, "no menos de seis, ni más de diez u once".

    Para adultos entre 26 y 64 años, "lo ideal es dormir entre siete y nueve horas, aunque no siempre se logra", reconoció el médico. En tanto, para los mayores de 65 años "lo saludable es descansar entre siete y ocho horas".

    El neurólogo y el neurocientífico afirmaron que la deuda de sueño "no se puede pagar", mientras que el cerebro no distingue la luz natural de la artificial, por lo que se recomienda en la tarde bajar la exposición a estas últimas.

    Ewer destacó un estudio publicado en Nature por UK Biobank, con 86.000 participantes, donde se concluyó que "si las personas se exponen a luz durante la noche, aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades" como depresión, ansiedad, estrés postraumático, trastornos psicóticos y bipolar, además de autolesiones.

  • Caracoles usaron cochayuyos para navegar a la Antártica

    El hecho ocurrió hace unos 7,9 millones de años.

    Pequeños caracoles de la Antártica e islas cercanas, como las de Cabo de Hornos y Nueva Zelanda, pese a no tener larvas nadadoras, habrían atravesado grandes extensiones del Océano Austral navegando sobre macroalgas como el cochayuyo, indicó un estudio de la Universidad de Chile publicado en Proceedings of the Royal Society.

    "Cuando el alga se desprende de la roca por efecto del oleaje, flota y sigue las corrientes. Entonces, todos los organismos que están adheridos se van junto con ella. En el caso de estos caracoles, pueden viajar los individuos o también sus masas de huevos", detalló el investigador Sebastián Rosenfeld.

    Según los análisis genéticos, morfológicos y de distribución geográfica ancestral de dos géneros de caracoles, Laevilitorina y Laevilacunaria, realizados entre 2017 y 2023, uno de estos viajes habría ocurrido hace cerca de 7,9 millones de años, desde las islas subantárticas, probablemente Kerguelen, hasta la Antártica occidental.

    Otros caracoles después habrían navegado hasta la isla Georgia del Sur, ubicada en el Atlántico, frente a la Patagonia argentina y más allá de las Malvinas.

    "Estos desplazamientos no habrían sido frecuentes, sino episodios excepcionales, posiblemente favorecidos por tormentas" prehistóricas, explicó la casa de estudios. Una vez instalados, comenzaron a diferenciarse genética y morfológicamente.

  • Caracoles usaron cochayuyos para navegar a la Antártica

    El hecho ocurrió hace unos 7,9 millones de años.

    Pequeños caracoles de la Antártica e islas cercanas, como las de Cabo de Hornos y Nueva Zelanda, pese a no tener larvas nadadoras, habrían atravesado grandes extensiones del Océano Austral navegando sobre macroalgas como el cochayuyo, indicó un estudio de la Universidad de Chile publicado en Proceedings of the Royal Society.

    "Cuando el alga se desprende de la roca por efecto del oleaje, flota y sigue las corrientes. Entonces, todos los organismos que están adheridos se van junto con ella. En el caso de estos caracoles, pueden viajar los individuos o también sus masas de huevos", detalló el investigador Sebastián Rosenfeld.

    Según los análisis genéticos, morfológicos y de distribución geográfica ancestral de dos géneros de caracoles, Laevilitorina y Laevilacunaria, realizados entre 2017 y 2023, uno de estos viajes habría ocurrido hace cerca de 7,9 millones de años, desde las islas subantárticas, probablemente Kerguelen, hasta la Antártica occidental.

    Otros caracoles después habrían navegado hasta la isla Georgia del Sur, ubicada en el Atlántico, frente a la Patagonia argentina y más allá de las Malvinas.

    "Estos desplazamientos no habrían sido frecuentes, sino episodios excepcionales, posiblemente favorecidos por tormentas" prehistóricas, explicó la casa de estudios. Una vez instalados, comenzaron a diferenciarse genética y morfológicamente.

  • Caracoles usaron cochayuyos para navegar a la Antártica

    El hecho ocurrió hace unos 7,9 millones de años.

    Pequeños caracoles de la Antártica e islas cercanas, como las de Cabo de Hornos y Nueva Zelanda, pese a no tener larvas nadadoras, habrían atravesado grandes extensiones del Océano Austral navegando sobre macroalgas como el cochayuyo, indicó un estudio de la Universidad de Chile publicado en Proceedings of the Royal Society.

    "Cuando el alga se desprende de la roca por efecto del oleaje, flota y sigue las corrientes. Entonces, todos los organismos que están adheridos se van junto con ella. En el caso de estos caracoles, pueden viajar los individuos o también sus masas de huevos", detalló el investigador Sebastián Rosenfeld.

    Según los análisis genéticos, morfológicos y de distribución geográfica ancestral de dos géneros de caracoles, Laevilitorina y Laevilacunaria, realizados entre 2017 y 2023, uno de estos viajes habría ocurrido hace cerca de 7,9 millones de años, desde las islas subantárticas, probablemente Kerguelen, hasta la Antártica occidental.

    Otros caracoles después habrían navegado hasta la isla Georgia del Sur, ubicada en el Atlántico, frente a la Patagonia argentina y más allá de las Malvinas.

    "Estos desplazamientos no habrían sido frecuentes, sino episodios excepcionales, posiblemente favorecidos por tormentas" prehistóricas, explicó la casa de estudios. Una vez instalados, comenzaron a diferenciarse genética y morfológicamente.

1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12