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Los cóndores adquieren súper bacterias al comer de basurales
Estos patógenos son resistentes a los antibióticos, pese a la existencia de fármacos cada vez más avanzados. Las enfermedades en los animales también afectan a los humanos.
V.B.V.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó a través de una investigación publicada a fines del año pasado que, en 2023, una de cada seis infecciones bacterianas en seres humanos, confirmadas en laboratorio, fue producto de la resistencia a los antibióticos. Es decir, los patógenos lograron sobrevivir a los fármacos.
Chile no está al margen de esto, según evidencian testeos de las aguas de los ríos en que se ha hallado que además de desechos arrastran trazas de medicamentos y microorganismos. Ahora a esto se añade un estudio a los cóndores que escarban en un basural de la Región Metropolitana, realizado por la Universidad de Concepción (UdeC), junto a la Corporación Amigos del Cóndor y otras casas de estudios sudamericanas.
"Entre 2018 y 2023, la resistencia a los antibióticos aumentó en más del 40%", alertó la OMS en el reporte antes señalado, por lo que hace unos días actualizó el enfoque "Una sola salud", centrado en el vínculo entre los humanos, los animales y los ecosistemas.
"Los cambios en estas relaciones pueden aumentar el riesgo de que aparezcan y se propaguen nuevas enfermedades humanas y animales", destacó el organismo, porque "en las últimas tres décadas se han detectado más de 30 nuevos agentes patógenos humanos, el 75% de los cuales tiene su origen en animales".
En línea con estas alertas sanitarias, el académico de Ciencias Veterinarias, Danny Fuentes, centró su trabajo en los cóndores andinos (Vultur gryphus) que suelen buscar comida en un relleno sanitario del sector de Huechún, en la comuna de Til Til.
La investigación publicada en la revista Veterinary Microbiology señala que cinco muestras de cóndores que se alimentaban en aquel lugar contenían Escherichia coli con genes de resistencia a diversos antimicrobianos, incluyendo carbapenémicos.
También se encontraron genes que otorgan resistencia a desinfectantes utilizados en hospitales y hogares, así como a metales pesados.
"Los carbapenémicos son antibióticos de última línea en medicina humana, por lo que detectar bacterias resistentes a ellos en animales silvestres tiene una relevancia sanitaria y ambiental importante", explicó Fuentes.
Los fármacos con esta nominación constituyen la última línea terapéutica para tratar infecciones bacterianas graves causadas por patógenos multirresistentes, agregó el académico de Ciencias Biológicas, Gerardo González.
Esta resistencia disminuye las opciones clínicas de tratamiento frente a patógenos críticos, "con consecuencias directas sobre la mortalidad asociada a estas infecciones, y sobre la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios", agregó el especialista.
En este contexto, el cóndor andino, especie emblemática y vulnerable desde el punto de vista de conservación, ahora también es un indicador ambiental de la resistencia antimicrobiana.
"Debido a los cambios en la disponibilidad de alimento para el cóndor, el acercamiento de asentamientos humanos a sus entornos naturales y el fácil acceso que tienen a rellenos sanitarios, algunos grupos se han adaptado a alimentarse de los residuos humanos", detalló González.
Las muestras fueron recolectadas entre 2018 y 2023, es decir, años en que además la población estuvo confinada por la pandemia del covid-19, cuando estas aves de gran tamaño llegaron hasta comunas como Las Condes, debido al silencio y en busca de comida.
En total se reunieron mil muestras de estos animales para el estudio, entre matorrales, el bosque valdiviano, el Desierto de Atacama, la Cordillera de Los Andes, la costa, el Archipiélago de Chiloé, la Patagonia y la Antártica.
40% aumentó entre 2018 y 2023 la resistencia a los antibióticos, según la OMS.
entre 2018 y 2023 fueron recolectadas las muestras de cóndores a lo largo del país.
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Los cóndores adquieren súper bacterias al comer de basurales
Estos patógenos son resistentes a los antibióticos, pese a la existencia de fármacos cada vez más avanzados. Las enfermedades en los animales también afectan a los humanos.
V.B.V.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó a través de una investigación publicada a fines del año pasado que, en 2023, una de cada seis infecciones bacterianas en seres humanos, confirmadas en laboratorio, fue producto de la resistencia a los antibióticos. Es decir, los patógenos lograron sobrevivir a los fármacos.
Chile no está al margen de esto, según evidencian testeos de las aguas de los ríos en que se ha hallado que además de desechos arrastran trazas de medicamentos y microorganismos. Ahora a esto se añade un estudio a los cóndores que escarban en un basural de la Región Metropolitana, realizado por la Universidad de Concepción (UdeC), junto a la Corporación Amigos del Cóndor y otras casas de estudios sudamericanas.
"Entre 2018 y 2023, la resistencia a los antibióticos aumentó en más del 40%", alertó la OMS en el reporte antes señalado, por lo que hace unos días actualizó el enfoque "Una sola salud", centrado en el vínculo entre los humanos, los animales y los ecosistemas.
"Los cambios en estas relaciones pueden aumentar el riesgo de que aparezcan y se propaguen nuevas enfermedades humanas y animales", destacó el organismo, porque "en las últimas tres décadas se han detectado más de 30 nuevos agentes patógenos humanos, el 75% de los cuales tiene su origen en animales".
En línea con estas alertas sanitarias, el académico de Ciencias Veterinarias, Danny Fuentes, centró su trabajo en los cóndores andinos (Vultur gryphus) que suelen buscar comida en un relleno sanitario del sector de Huechún, en la comuna de Til Til.
La investigación publicada en la revista Veterinary Microbiology señala que cinco muestras de cóndores que se alimentaban en aquel lugar contenían Escherichia coli con genes de resistencia a diversos antimicrobianos, incluyendo carbapenémicos.
También se encontraron genes que otorgan resistencia a desinfectantes utilizados en hospitales y hogares, así como a metales pesados.
"Los carbapenémicos son antibióticos de última línea en medicina humana, por lo que detectar bacterias resistentes a ellos en animales silvestres tiene una relevancia sanitaria y ambiental importante", explicó Fuentes.
Los fármacos con esta nominación constituyen la última línea terapéutica para tratar infecciones bacterianas graves causadas por patógenos multirresistentes, agregó el académico de Ciencias Biológicas, Gerardo González.
Esta resistencia disminuye las opciones clínicas de tratamiento frente a patógenos críticos, "con consecuencias directas sobre la mortalidad asociada a estas infecciones, y sobre la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios", agregó el especialista.
En este contexto, el cóndor andino, especie emblemática y vulnerable desde el punto de vista de conservación, ahora también es un indicador ambiental de la resistencia antimicrobiana.
"Debido a los cambios en la disponibilidad de alimento para el cóndor, el acercamiento de asentamientos humanos a sus entornos naturales y el fácil acceso que tienen a rellenos sanitarios, algunos grupos se han adaptado a alimentarse de los residuos humanos", detalló González.
Las muestras fueron recolectadas entre 2018 y 2023, es decir, años en que además la población estuvo confinada por la pandemia del covid-19, cuando estas aves de gran tamaño llegaron hasta comunas como Las Condes, debido al silencio y en busca de comida.
En total se reunieron mil muestras de estos animales para el estudio, entre matorrales, el bosque valdiviano, el Desierto de Atacama, la Cordillera de Los Andes, la costa, el Archipiélago de Chiloé, la Patagonia y la Antártica.
40% aumentó entre 2018 y 2023 la resistencia a los antibióticos, según la OMS.
entre 2018 y 2023 fueron recolectadas las muestras de cóndores a lo largo del país.
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Explican por qué algunas plantas florecen y otras no
Pequeñas variaciones en el agua llevan a distintas estrategias de sobrevivencia.
Muchas veces en una pequeña extensión de terreno se da que algunas plantas florecen y otras no, pese a tener los mismos cuidados. Este "misterio" fue resuelto por la investigadora de la Universidad de La Serena y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB-Chile), Andrea Loayza, quien junto a su equipo investigó este fenómeno en el lucumillo, árbol presente sólo en 100 kilómetros cuadrados del desierto costero.
El Myrcianthes coquimbensis es endémico de la Región de Coquimbo, donde "veíamos que algunos ejemplares florecían siempre, o casi todos los años, mientras que otros no lo hacían, incluso estando a tres o cuatro metros de distancia. Así es que queríamos entender qué estaba ocurriendo bajo condiciones aparentemente similares", explicó la bióloga.
"Si una planta no florece, no produce semillas, afecta directamente la posibilidad de que la especie se mantenga en el tiempo", destacó Loayza. El lucumillo está "En peligro", según el Ministerio del Medio Ambiente, debido, además, a la parcelación del borde costero, construcción de caminos sin regulación, extracción de tierra de hojas, el cambio climático y la proliferación de microbasurales.
Durante 15 meses fueron monitoreados 20 lucumillos, entre Totoralillo y Las Tacas, donde las lluvias son escasas. La mitad de las plantas tenía una floración regular y la otra mitad esporádica, por lo que se evaluaron el desempeño fisiológico y el suelo.
La principal conclusión fue que, incluso a pocos metros, "no todas las plantas experimentan la sequía de la misma forma, incluso dentro de una misma población. Pequeñas diferencias en la humedad del suelo, a una escala muy local, pueden traducirse en grandes diferencias en crecimiento y reproducción", afirmó Loayza.
Esta heterogeneidad funciona como un "filtro ecológico", donde algunas plantas acceden a mejores condiciones, mantienen mayor fotosíntesis, crecen y tienen más probabilidades de florecer, mientras que otras presentan estrés y sólo se mantienen vivas.
20 lucumillos fueron monitoreados por 15 meses entre Totoralillo y Las Tacas.
protección El lucumillo es una especie "En peligro", protegida por el Estado de Chile.
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Explican por qué algunas plantas florecen y otras no
Pequeñas variaciones en el agua llevan a distintas estrategias de sobrevivencia.
Muchas veces en una pequeña extensión de terreno se da que algunas plantas florecen y otras no, pese a tener los mismos cuidados. Este "misterio" fue resuelto por la investigadora de la Universidad de La Serena y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB-Chile), Andrea Loayza, quien junto a su equipo investigó este fenómeno en el lucumillo, árbol presente sólo en 100 kilómetros cuadrados del desierto costero.
El Myrcianthes coquimbensis es endémico de la Región de Coquimbo, donde "veíamos que algunos ejemplares florecían siempre, o casi todos los años, mientras que otros no lo hacían, incluso estando a tres o cuatro metros de distancia. Así es que queríamos entender qué estaba ocurriendo bajo condiciones aparentemente similares", explicó la bióloga.
"Si una planta no florece, no produce semillas, afecta directamente la posibilidad de que la especie se mantenga en el tiempo", destacó Loayza. El lucumillo está "En peligro", según el Ministerio del Medio Ambiente, debido, además, a la parcelación del borde costero, construcción de caminos sin regulación, extracción de tierra de hojas, el cambio climático y la proliferación de microbasurales.
Durante 15 meses fueron monitoreados 20 lucumillos, entre Totoralillo y Las Tacas, donde las lluvias son escasas. La mitad de las plantas tenía una floración regular y la otra mitad esporádica, por lo que se evaluaron el desempeño fisiológico y el suelo.
La principal conclusión fue que, incluso a pocos metros, "no todas las plantas experimentan la sequía de la misma forma, incluso dentro de una misma población. Pequeñas diferencias en la humedad del suelo, a una escala muy local, pueden traducirse en grandes diferencias en crecimiento y reproducción", afirmó Loayza.
Esta heterogeneidad funciona como un "filtro ecológico", donde algunas plantas acceden a mejores condiciones, mantienen mayor fotosíntesis, crecen y tienen más probabilidades de florecer, mientras que otras presentan estrés y sólo se mantienen vivas.
20 lucumillos fueron monitoreados por 15 meses entre Totoralillo y Las Tacas.
protección El lucumillo es una especie "En peligro", protegida por el Estado de Chile.