• ¿Hay medios para evitar el choque de un asteroide contra la Tierra?

    La defensa planetaria no es ficción y Chile es parte de ella. En 2029 se espera que Apophis "roce" el planeta y por ahora sólo sería posible una eventual desviación.

    Agencia EFE

    Si bien no es un problema apremiante, el impacto de un asteroide contra la Tierra es real, por eso cada vez hay más telescopios y misiones que los monitorean y escudriñan, y tecnología puntera como la que logró en 2022 desviar uno de estos cuerpos. Es la llamada defensa planetaria, y no es ciencia ficción.

    Los asteroides, de centímetros, metros y hasta kilómetros, son los 'ladrillos' con lo que se formaron los planetas cuando se desarrolló el Sistema Solar y los que no lograron pegarse a uno de estos cuerpos viajan desde entonces por el espacio.

    Son millones, pero los científicos tienen puesto el foco, por su posible amenaza, en los NEO -objetos cercanos a la Tierra-, cuyas órbitas pasan cerca, en términos astronómicos, de la terrestre. Hay catalogados unos 42.000, según datos del Centro de coordinación para la vigilancia de estos objetos (NEOCC) de la Agencia Espacial Europea.

    Actualmente, ninguno de estos cuerpos está en una ruta de colisión con la Tierra, asegura a EFE Adriano Campo Bagatin, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alicante, España, pero el monitoreo y estudio de asteroides y cometas es vital para la defensa planetaria.

    Y es lo que hacen las principales agencias espaciales tanto a través de estaciones terrestres como de telescopios espaciales y de modelos. Un ejemplo, 2024 YR4, un asteroide descubierto hace casi dos años por ATLAS (Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides) desde Chile que se hizo famoso por convertirse, durante un breve período, en el más peligroso encontrado en los últimos 20 años. Finalmente, tanto la estadounidense NASA como la europea ESA descartaron su impacto en 2032 con la Tierra y con la Luna, gracias en parte a datos del telescopio James Webb.

    Los ojos de apophis

    Aunque no haya peligro de colisión, si un asteroide "roza" la Tierra, estudiarlo es una oportunidad única para conocer su composición y estructura, y afinar, por ejemplo, las técnicas de desvío. Es el caso de Apophis, una mole de 375 metros que el 13 de abril de 2029 pasará a menos de 32.000 kilómetros de la superficie terrestre, por debajo de la órbita de muchos satélites de comunicaciones.

    Para examinarlo, la ESA está construyendo Ramses, una nave que se lanzará al espacio en 2028 para reunirse con Apophis y que lo acompañará durante el sobrevuelo para observar, entre otros, cómo se deforma y cambia por la gravedad de nuestro planeta.

    Equipada con cámaras, espectrómetro y altímetro, lleva dos pequeños satélites que se desprenderán para acercarse todavía más al asteroide. Son los cubesats "Don Quijote", que se posará en Apophis y cuya fabricación la lidera la empresa española Emxys, y "Farinella", de Tyvak International.

    Campo Bagatin detalla que el cubesat español va equipado, entre otros, con un sismógrafo que registrará temblores en el asteroide por la atracción gravitatoria terrestre. El paso de Apophis es un evento raro y está cifrado en el orden de una vez cada 7.500 años, por lo que es "una oportunidad única".

    Ramses se lanzará en colaboración con la agencia japonesa JAXA, junto a la misión JAXA Destiny+ y en un cohete japonés H3. Si bien el destino principal del proyecto nipón es el asteroide Faetón, también hará un sobrevuelo sobre Apophis para calibrar sus cámaras.

    Por su parte, la NASA decidió darle una segunda vida a Osiris-Rex, una misión que viajó al asteroide Bennu, recogió muestras de roca y las trajo de vuelta a la Tierra en septiembre de 2023. Ahora se llama Osiris-APEX y, aprovechando que tiene combustible, volará a Apophis.

    "Lo que hay que dejar muy claro", recalca Campo Bagatin, es que "se oiga lo que se oiga en los próximos meses o años, Apophis no tiene ninguna posibilidad de chocar con la Tierra en 2029, ni en 2036, 2044 y 2068, cuando volverá a estar 'cerca'".

    Ramses aprovechará gran parte de la tecnología de la misión Hera, también de la ESA y lanzada en 2024 para encontrarse con el único asteroide -Dimorphos- cuya órbita ha sido modificada (una media hora) por la acción humana, un destino al que llegará para indagar las secuelas del impacto cinético que protagonizó la nave DART de la NASA en 2022.

    "La misión tiene buena salud y llegará según lo previsto", confirma Campo Bagatin, en el equipo científico tanto de Hera como de Ramses y coordinador de uno de los cuatro grupos de trabajo de cada misión.

  • ¿Hay medios para evitar el choque de un asteroide contra la Tierra?

    La defensa planetaria no es ficción y Chile es parte de ella. En 2029 se espera que Apophis "roce" el planeta y por ahora sólo sería posible una eventual desviación.

    Agencia EFE

    Si bien no es un problema apremiante, el impacto de un asteroide contra la Tierra es real, por eso cada vez hay más telescopios y misiones que los monitorean y escudriñan, y tecnología puntera como la que logró en 2022 desviar uno de estos cuerpos. Es la llamada defensa planetaria, y no es ciencia ficción.

    Los asteroides, de centímetros, metros y hasta kilómetros, son los 'ladrillos' con lo que se formaron los planetas cuando se desarrolló el Sistema Solar y los que no lograron pegarse a uno de estos cuerpos viajan desde entonces por el espacio.

    Son millones, pero los científicos tienen puesto el foco, por su posible amenaza, en los NEO -objetos cercanos a la Tierra-, cuyas órbitas pasan cerca, en términos astronómicos, de la terrestre. Hay catalogados unos 42.000, según datos del Centro de coordinación para la vigilancia de estos objetos (NEOCC) de la Agencia Espacial Europea.

    Actualmente, ninguno de estos cuerpos está en una ruta de colisión con la Tierra, asegura a EFE Adriano Campo Bagatin, catedrático de Física Aplicada de la Universidad de Alicante, España, pero el monitoreo y estudio de asteroides y cometas es vital para la defensa planetaria.

    Y es lo que hacen las principales agencias espaciales tanto a través de estaciones terrestres como de telescopios espaciales y de modelos. Un ejemplo, 2024 YR4, un asteroide descubierto hace casi dos años por ATLAS (Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides) desde Chile que se hizo famoso por convertirse, durante un breve período, en el más peligroso encontrado en los últimos 20 años. Finalmente, tanto la estadounidense NASA como la europea ESA descartaron su impacto en 2032 con la Tierra y con la Luna, gracias en parte a datos del telescopio James Webb.

    Los ojos de apophis

    Aunque no haya peligro de colisión, si un asteroide "roza" la Tierra, estudiarlo es una oportunidad única para conocer su composición y estructura, y afinar, por ejemplo, las técnicas de desvío. Es el caso de Apophis, una mole de 375 metros que el 13 de abril de 2029 pasará a menos de 32.000 kilómetros de la superficie terrestre, por debajo de la órbita de muchos satélites de comunicaciones.

    Para examinarlo, la ESA está construyendo Ramses, una nave que se lanzará al espacio en 2028 para reunirse con Apophis y que lo acompañará durante el sobrevuelo para observar, entre otros, cómo se deforma y cambia por la gravedad de nuestro planeta.

    Equipada con cámaras, espectrómetro y altímetro, lleva dos pequeños satélites que se desprenderán para acercarse todavía más al asteroide. Son los cubesats "Don Quijote", que se posará en Apophis y cuya fabricación la lidera la empresa española Emxys, y "Farinella", de Tyvak International.

    Campo Bagatin detalla que el cubesat español va equipado, entre otros, con un sismógrafo que registrará temblores en el asteroide por la atracción gravitatoria terrestre. El paso de Apophis es un evento raro y está cifrado en el orden de una vez cada 7.500 años, por lo que es "una oportunidad única".

    Ramses se lanzará en colaboración con la agencia japonesa JAXA, junto a la misión JAXA Destiny+ y en un cohete japonés H3. Si bien el destino principal del proyecto nipón es el asteroide Faetón, también hará un sobrevuelo sobre Apophis para calibrar sus cámaras.

    Por su parte, la NASA decidió darle una segunda vida a Osiris-Rex, una misión que viajó al asteroide Bennu, recogió muestras de roca y las trajo de vuelta a la Tierra en septiembre de 2023. Ahora se llama Osiris-APEX y, aprovechando que tiene combustible, volará a Apophis.

    "Lo que hay que dejar muy claro", recalca Campo Bagatin, es que "se oiga lo que se oiga en los próximos meses o años, Apophis no tiene ninguna posibilidad de chocar con la Tierra en 2029, ni en 2036, 2044 y 2068, cuando volverá a estar 'cerca'".

    Ramses aprovechará gran parte de la tecnología de la misión Hera, también de la ESA y lanzada en 2024 para encontrarse con el único asteroide -Dimorphos- cuya órbita ha sido modificada (una media hora) por la acción humana, un destino al que llegará para indagar las secuelas del impacto cinético que protagonizó la nave DART de la NASA en 2022.

    "La misión tiene buena salud y llegará según lo previsto", confirma Campo Bagatin, en el equipo científico tanto de Hera como de Ramses y coordinador de uno de los cuatro grupos de trabajo de cada misión.

  • Salvar el telescopio Hubble: el reto de elevar su órbita

    Se quiere convencer a la NASA para que impulse una misión robótica.

    El telescopio Hubble, que tiene ya más de 30 años, se acerca al final de su vida útil si la NASA no lo soluciona y decide enviar una misión para elevar su órbita y evitar que colisione con la atmósfera y se destruya, por lo que surgió una corriente internacional que pide su salvación.

    Una de las premisas que impulsa este movimiento es que ningún otro telescopio ofrece actualmente las posibilidades del Hubble para estudiar luz ultravioleta y estrellas azules.

    La revolución que implicó el Hubble para la astronomía fue "más grande de lo que ha significado el James Webb", indicó el investigador del Instituto de Física de Cantabria (IFCA-CISC-UC), en España, José María Diego.

    Precisamente, Diego utilizó el James Webb en una investigación de un equipo internacional, liderado por el astrónomo Andrew Newman, de Carnegie Institution for Science, en Washington, en la que participan él y su compañera del IFCA Ana Acebrón.

    En esa investigación se logró medir la masa de un enorme agujero negro situado en una galaxia muy lejana, que se originó cuando el Universo comenzaba a formarse. Y se espera que las imágenes captadas sirvan para contribuir a resolver la duda sobre cómo y a qué ritmo se expande el Universo.

    Diego señaló e EFE, pese a que sus últimos trabajos los ha realizado con el James Webb, que el telescopio Hubble hoy sigue siendo un instrumento único. "No tenemos ningún otro que sea comparable. Lamentablemente, el Hubble está en órbita alrededor de la Tierra, mientras que el James Webb está mucho más lejos, y poco a poco va cayendo", dijo.

    Así, se estima que en 2030 va a llegar a un punto en el que el roce con la parte exterior de la atmósfera va a ser tan grande que en unos meses caerá al mar "si no se hace nada".

    Y ha surgido un esfuerzo internacional para convencer a la NASA y a EE.UU. para que se impulse una misión robótica con un satélite remoto que empuje al Hubble "hacia arriba unos cuantos kilómetros para que pueda durar unos 10 años más".

    "En un año o así sabremos si esa misión se adopta. Hay que empezar a hacer camisetas de 'hay que salvar al Hubble' porque es un instrumento fabuloso", bromeó el investigador.

    Diego es optimista porque "es algo que ya se ha hecho". "Se han salvado misiones comerciales con misiones robóticas, no es nuevo ni tremendamente caro", afirmó.

    Y puso en valor el "enorme" retorno científico que tendría la ampliación de la vida del Hubble hasta el 2040. "Hay cosas que solo se pueden hacer con este telescopio a día de hoy", recalcó.

  • Salvar el telescopio Hubble: el reto de elevar su órbita

    Se quiere convencer a la NASA para que impulse una misión robótica.

    El telescopio Hubble, que tiene ya más de 30 años, se acerca al final de su vida útil si la NASA no lo soluciona y decide enviar una misión para elevar su órbita y evitar que colisione con la atmósfera y se destruya, por lo que surgió una corriente internacional que pide su salvación.

    Una de las premisas que impulsa este movimiento es que ningún otro telescopio ofrece actualmente las posibilidades del Hubble para estudiar luz ultravioleta y estrellas azules.

    La revolución que implicó el Hubble para la astronomía fue "más grande de lo que ha significado el James Webb", indicó el investigador del Instituto de Física de Cantabria (IFCA-CISC-UC), en España, José María Diego.

    Precisamente, Diego utilizó el James Webb en una investigación de un equipo internacional, liderado por el astrónomo Andrew Newman, de Carnegie Institution for Science, en Washington, en la que participan él y su compañera del IFCA Ana Acebrón.

    En esa investigación se logró medir la masa de un enorme agujero negro situado en una galaxia muy lejana, que se originó cuando el Universo comenzaba a formarse. Y se espera que las imágenes captadas sirvan para contribuir a resolver la duda sobre cómo y a qué ritmo se expande el Universo.

    Diego señaló e EFE, pese a que sus últimos trabajos los ha realizado con el James Webb, que el telescopio Hubble hoy sigue siendo un instrumento único. "No tenemos ningún otro que sea comparable. Lamentablemente, el Hubble está en órbita alrededor de la Tierra, mientras que el James Webb está mucho más lejos, y poco a poco va cayendo", dijo.

    Así, se estima que en 2030 va a llegar a un punto en el que el roce con la parte exterior de la atmósfera va a ser tan grande que en unos meses caerá al mar "si no se hace nada".

    Y ha surgido un esfuerzo internacional para convencer a la NASA y a EE.UU. para que se impulse una misión robótica con un satélite remoto que empuje al Hubble "hacia arriba unos cuantos kilómetros para que pueda durar unos 10 años más".

    "En un año o así sabremos si esa misión se adopta. Hay que empezar a hacer camisetas de 'hay que salvar al Hubble' porque es un instrumento fabuloso", bromeó el investigador.

    Diego es optimista porque "es algo que ya se ha hecho". "Se han salvado misiones comerciales con misiones robóticas, no es nuevo ni tremendamente caro", afirmó.

    Y puso en valor el "enorme" retorno científico que tendría la ampliación de la vida del Hubble hasta el 2040. "Hay cosas que solo se pueden hacer con este telescopio a día de hoy", recalcó.

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