• El cambio climático está modificando las relaciones entre los búhos chilenos y sus presas

    Científicos analizaron durante 24 años la dieta de las lechuzas, los pequenes y los tucúqueres en la Región de Coquimbo.

    V.B.V.

    Las temperaturas extremas acentuadas por el cambio climático han modificado la alimentación de los seres humanos, por ejemplo, ya que se prevé que tras los intensos aguaceros de las últimas semanas suban los precios de algunas verduras. Una situación similar viven los animales, cuyas presas migran hacia otras zonas y deben modificar sus dietas.

    Científicos de las universidades de La Serena (ULS), de California (Estados Unidos) e Idaho (Estados Unidos), junto al Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB Chile), analizaron durante 24 años la dieta de la lechuza, el pequén y el tucúquere, tres especies de búhos que viven en el Parque Nacional Bosque Fray Jorge, en la Región de Coquimbo.

    En la reserva cordillerana, los investigadores recolectaron 16.932 restos de comida no digeridos (egagrópilas), que los búhos regurgitan después de alimentarse. Estos contienen huesos, pelos, plumas y otras estructuras de sus presas.

    Con este material, los científicos reconstruyeron cómo fueron cambiando las relaciones entre depredadores y presas entre 1990 y 2015, revelando que la variabilidad climática no sólo modifica la disponibilidad de alimento, sino también la estructura de las redes naturales.

    "La frase 'dime qué has comido durante años y te contaré sobre tu entorno' cobra mucho sentido en este trabajo", dijo la autora principal del estudio, Jazmin Quiroz, de la ULS.

    El equipo descubrió que durante los períodos de bajas precipitaciones, cuando la disponibilidad de recursos alimenticios disminuía, las distintas especies de búhos tendían a buscar presas diferentes, reduciendo así la competencia entre ellas.

    Sin embargo, a partir de 2003 detectaron un cambio de mayor escala: las aves, además de mantener esa especialización, comenzaron a incorporar nuevas especies de presas, aumentando su diversidad alimenticia.

    "A medida que el cambio climático se intensifica, la fragilidad de estas redes ecológicas podría hacerse más evidente. Comprender cómo el clima y la disponibilidad de recursos moldean estas dinámicas será fundamental para predecir la resiliencia de los ecosistemas", explicó Angéline Bertin, también de la ULS.

    Otra de las autoras, Alejandra Troncoso, agregó que los resultados en la revista científica Ecography "muestran que, incluso un sistema altamente protegido como el Bosque Fray Jorge, depende de la disponibilidad de recursos para mantener el funcionamiento de sus redes ecológicas, y nos invita a preguntarnos qué ocurre en paisajes con mayor intervención humana y menor cobertura vegetal".

    Quiroz destacó que "si la megasequía persiste o se intensifica, es esperable que estos cambios también se acentúen, generando redes ecológicas potencialmente más frágiles".

    "La frase 'dime qué has comido durante años y te contaré sobre tu entorno' cobra mucho sentido.

    jazmin quiroz, bióloga"

    16.932 muestras de restos de presas no ingeridos por los búhos fueron recolectadas.

    2003 los pájaros comenzaron a comer otras especies de animales.

  • El cambio climático está modificando las relaciones entre los búhos chilenos y sus presas

    Científicos analizaron durante 24 años la dieta de las lechuzas, los pequenes y los tucúqueres en la Región de Coquimbo.

    V.B.V.

    Las temperaturas extremas acentuadas por el cambio climático han modificado la alimentación de los seres humanos, por ejemplo, ya que se prevé que tras los intensos aguaceros de las últimas semanas suban los precios de algunas verduras. Una situación similar viven los animales, cuyas presas migran hacia otras zonas y deben modificar sus dietas.

    Científicos de las universidades de La Serena (ULS), de California (Estados Unidos) e Idaho (Estados Unidos), junto al Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB Chile), analizaron durante 24 años la dieta de la lechuza, el pequén y el tucúquere, tres especies de búhos que viven en el Parque Nacional Bosque Fray Jorge, en la Región de Coquimbo.

    En la reserva cordillerana, los investigadores recolectaron 16.932 restos de comida no digeridos (egagrópilas), que los búhos regurgitan después de alimentarse. Estos contienen huesos, pelos, plumas y otras estructuras de sus presas.

    Con este material, los científicos reconstruyeron cómo fueron cambiando las relaciones entre depredadores y presas entre 1990 y 2015, revelando que la variabilidad climática no sólo modifica la disponibilidad de alimento, sino también la estructura de las redes naturales.

    "La frase 'dime qué has comido durante años y te contaré sobre tu entorno' cobra mucho sentido en este trabajo", dijo la autora principal del estudio, Jazmin Quiroz, de la ULS.

    El equipo descubrió que durante los períodos de bajas precipitaciones, cuando la disponibilidad de recursos alimenticios disminuía, las distintas especies de búhos tendían a buscar presas diferentes, reduciendo así la competencia entre ellas.

    Sin embargo, a partir de 2003 detectaron un cambio de mayor escala: las aves, además de mantener esa especialización, comenzaron a incorporar nuevas especies de presas, aumentando su diversidad alimenticia.

    "A medida que el cambio climático se intensifica, la fragilidad de estas redes ecológicas podría hacerse más evidente. Comprender cómo el clima y la disponibilidad de recursos moldean estas dinámicas será fundamental para predecir la resiliencia de los ecosistemas", explicó Angéline Bertin, también de la ULS.

    Otra de las autoras, Alejandra Troncoso, agregó que los resultados en la revista científica Ecography "muestran que, incluso un sistema altamente protegido como el Bosque Fray Jorge, depende de la disponibilidad de recursos para mantener el funcionamiento de sus redes ecológicas, y nos invita a preguntarnos qué ocurre en paisajes con mayor intervención humana y menor cobertura vegetal".

    Quiroz destacó que "si la megasequía persiste o se intensifica, es esperable que estos cambios también se acentúen, generando redes ecológicas potencialmente más frágiles".

    "La frase 'dime qué has comido durante años y te contaré sobre tu entorno' cobra mucho sentido.

    jazmin quiroz, bióloga"

    16.932 muestras de restos de presas no ingeridos por los búhos fueron recolectadas.

    2003 los pájaros comenzaron a comer otras especies de animales.

  • El cambio climático está modificando las relaciones entre los búhos chilenos y sus presas

    Científicos analizaron durante 24 años la dieta de las lechuzas, los pequenes y los tucúqueres en la Región de Coquimbo.

    V.B.V.

    Las temperaturas extremas acentuadas por el cambio climático han modificado la alimentación de los seres humanos, por ejemplo, ya que se prevé que tras los intensos aguaceros de las últimas semanas suban los precios de algunas verduras. Una situación similar viven los animales, cuyas presas migran hacia otras zonas y deben modificar sus dietas.

    Científicos de las universidades de La Serena (ULS), de California (Estados Unidos) e Idaho (Estados Unidos), junto al Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB Chile), analizaron durante 24 años la dieta de la lechuza, el pequén y el tucúquere, tres especies de búhos que viven en el Parque Nacional Bosque Fray Jorge, en la Región de Coquimbo.

    En la reserva cordillerana, los investigadores recolectaron 16.932 restos de comida no digeridos (egagrópilas), que los búhos regurgitan después de alimentarse. Estos contienen huesos, pelos, plumas y otras estructuras de sus presas.

    Con este material, los científicos reconstruyeron cómo fueron cambiando las relaciones entre depredadores y presas entre 1990 y 2015, revelando que la variabilidad climática no sólo modifica la disponibilidad de alimento, sino también la estructura de las redes naturales.

    "La frase 'dime qué has comido durante años y te contaré sobre tu entorno' cobra mucho sentido en este trabajo", dijo la autora principal del estudio, Jazmin Quiroz, de la ULS.

    El equipo descubrió que durante los períodos de bajas precipitaciones, cuando la disponibilidad de recursos alimenticios disminuía, las distintas especies de búhos tendían a buscar presas diferentes, reduciendo así la competencia entre ellas.

    Sin embargo, a partir de 2003 detectaron un cambio de mayor escala: las aves, además de mantener esa especialización, comenzaron a incorporar nuevas especies de presas, aumentando su diversidad alimenticia.

    "A medida que el cambio climático se intensifica, la fragilidad de estas redes ecológicas podría hacerse más evidente. Comprender cómo el clima y la disponibilidad de recursos moldean estas dinámicas será fundamental para predecir la resiliencia de los ecosistemas", explicó Angéline Bertin, también de la ULS.

    Otra de las autoras, Alejandra Troncoso, agregó que los resultados en la revista científica Ecography "muestran que, incluso un sistema altamente protegido como el Bosque Fray Jorge, depende de la disponibilidad de recursos para mantener el funcionamiento de sus redes ecológicas, y nos invita a preguntarnos qué ocurre en paisajes con mayor intervención humana y menor cobertura vegetal".

    Quiroz destacó que "si la megasequía persiste o se intensifica, es esperable que estos cambios también se acentúen, generando redes ecológicas potencialmente más frágiles".

    "La frase 'dime qué has comido durante años y te contaré sobre tu entorno' cobra mucho sentido.

    jazmin quiroz, bióloga"

    16.932 muestras de restos de presas no ingeridos por los búhos fueron recolectadas.

    2003 los pájaros comenzaron a comer otras especies de animales.

  • Mercado de algas en Chile es marcado por cambios sociales

    Más de 420.000 toneladas fueron sacadas en 2025. La mayoría se envió a Asia.

    Un estudio publicado en la Revista Chilena de Historia Natural por el Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (Secos) y la Universidad Católica del Norte (UCN) afirmó que el país es el principal productor de algas del continente, con 426.543 toneladas métricas en 2025, de las cuales cerca del 85% provino directamente de la extracción en entornos naturales.

    Un aspecto que llamó la atención fue que cuando baja el precio del cobre, aumenta el desempleo en las regiones mineras, lo que lleva a los trabajadores a recolectar huiro.

    Cuando el metal rojo repunta, la presión extractiva sobre los bosques submarinos disminuye, lo que permite la recuperación ecológica del recurso.

    "Esto demuestra que el manejo de algas no depende sólo de lo que ocurre en la costa y en las comunidades locales, sino también de factores económicos distantes", subrayó el investigador Nicolás Latorre.

    "En Chile exportamos principalmente algas como materia prima, con muy poco procesamiento", advirtió la bióloga y académica, Pilar Haye. "Eso significa que gran parte del valor económico se genera después de la extracción, durante el procesamiento industrial y la elaboración de productos, etapas que suelen realizarse fuera de las caletas y en muchos casos fuera del país", en lugares como China, Filipinas e Indonesia.

    Para que una mayor parte de ese valor quede en las comunidades, "es importante promover el procesamiento local, desarrollar productos con valor agregado y diversificar los mercados locales", agregó Haye.

  • Mercado de algas en Chile es marcado por cambios sociales

    Más de 420.000 toneladas fueron sacadas en 2025. La mayoría se envió a Asia.

    Un estudio publicado en la Revista Chilena de Historia Natural por el Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (Secos) y la Universidad Católica del Norte (UCN) afirmó que el país es el principal productor de algas del continente, con 426.543 toneladas métricas en 2025, de las cuales cerca del 85% provino directamente de la extracción en entornos naturales.

    Un aspecto que llamó la atención fue que cuando baja el precio del cobre, aumenta el desempleo en las regiones mineras, lo que lleva a los trabajadores a recolectar huiro.

    Cuando el metal rojo repunta, la presión extractiva sobre los bosques submarinos disminuye, lo que permite la recuperación ecológica del recurso.

    "Esto demuestra que el manejo de algas no depende sólo de lo que ocurre en la costa y en las comunidades locales, sino también de factores económicos distantes", subrayó el investigador Nicolás Latorre.

    "En Chile exportamos principalmente algas como materia prima, con muy poco procesamiento", advirtió la bióloga y académica, Pilar Haye. "Eso significa que gran parte del valor económico se genera después de la extracción, durante el procesamiento industrial y la elaboración de productos, etapas que suelen realizarse fuera de las caletas y en muchos casos fuera del país", en lugares como China, Filipinas e Indonesia.

    Para que una mayor parte de ese valor quede en las comunidades, "es importante promover el procesamiento local, desarrollar productos con valor agregado y diversificar los mercados locales", agregó Haye.

  • Mercado de algas en Chile es marcado por cambios sociales

    Más de 420.000 toneladas fueron sacadas en 2025. La mayoría se envió a Asia.

    Un estudio publicado en la Revista Chilena de Historia Natural por el Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (Secos) y la Universidad Católica del Norte (UCN) afirmó que el país es el principal productor de algas del continente, con 426.543 toneladas métricas en 2025, de las cuales cerca del 85% provino directamente de la extracción en entornos naturales.

    Un aspecto que llamó la atención fue que cuando baja el precio del cobre, aumenta el desempleo en las regiones mineras, lo que lleva a los trabajadores a recolectar huiro.

    Cuando el metal rojo repunta, la presión extractiva sobre los bosques submarinos disminuye, lo que permite la recuperación ecológica del recurso.

    "Esto demuestra que el manejo de algas no depende sólo de lo que ocurre en la costa y en las comunidades locales, sino también de factores económicos distantes", subrayó el investigador Nicolás Latorre.

    "En Chile exportamos principalmente algas como materia prima, con muy poco procesamiento", advirtió la bióloga y académica, Pilar Haye. "Eso significa que gran parte del valor económico se genera después de la extracción, durante el procesamiento industrial y la elaboración de productos, etapas que suelen realizarse fuera de las caletas y en muchos casos fuera del país", en lugares como China, Filipinas e Indonesia.

    Para que una mayor parte de ese valor quede en las comunidades, "es importante promover el procesamiento local, desarrollar productos con valor agregado y diversificar los mercados locales", agregó Haye.

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