• A los 97 años fallece Yayoi Kusama, la artista que se refugió en un psiquiátrico para realizar su obra

    En Chile, la japonesa marcó un hito en 2015 con la exposición "Obsesión Infinita", visitada por más de 160.000 personas, de las que casi 30.000 fueron niños. Su obra está marcada por el maltrato y las marcas que deja en la percepción del mundo.

    Valeria Barahona

    Casi dos semanas permaneció en estricto secreto el fallecimiento de la artista japonesa Yayoi Kusama, quien inspiró a grandes de la cultura pop, como Andy Warhol y Yoko Ono, además de despertar el interés por la expresión visual y sensorial en miles de niños chilenos, cuando en 2015 se registraron largas filas afuera del Centro Cultural CA660, de Fundación CorpArtes, para ver su retrospectiva "Obsesión Infinita".

    La organización ubicada en Las Condes señaló entonces que más de 160.000 personas visitaron la exposición, de las cuales 28.500 correspondieron a estudiantes de 433 escuelas, colegios y jardines infantiles a lo largo del país, razón por la que más de alguna vida fue marcada por la obra de Kusama, quien falleció el 14 de agosto, a los 97 años.

    Su extensa obra, precisamente, comenzó en la infancia, cuando la japonesa, hija de una familia de clase media dedicada al cultivo de arroz, comenzó a tener visiones en las que "oía las voces de flores, calabazas y perros", citó The Washington Post en su obituario, a partir de la autobiografía "Odisea de mi alma atormentada".

    "Me dedico al arte para corregir la discapacidad que comenzó en mi infancia", afirmó la también autora de varias novelas y libros para niños, donde siempre están presentes estos seres que formaron las primeras imágenes de su vocación, como la escultura de una gran calabaza que mira a un lago en Japón.

    La pequeña Yayoi comenzó a dibujar lo que veía, por lo que fue duramente castigada por su mamá, quien quería darle a su hija menor un kimono y una vajilla para ser una correcta esposa japonesa.

    Los reproches por su incipiente obra llegaron a los extremos físicos, de los que la artista habla en sus libros y ensayos. Luego, su psiquis fue violentada por las aventuras amorosas de su padre.

    Seguir pese a todo

    Llegada la adolescencia, Kusama debió servir al Ejército japonés en la Segunda Guerra Mundial, donde fue obligada a coser telas requeridas en el campo de batalla. Quizás envalentonada por esta situación, estudió pintura, pese a los reclamos de su madre.

    En 1950 comenzó a exponer en Japón, con cierto éxito, según el portal científico The Conversation. Allí, las extensas pinturas de Kusama llamaron la atención por sus formas naturales abstractas, que cubrían todas las superficies, como suelos, paredes, techos e incluso personas desnudas, con lunares a los que ella denominó "redes infinitas".

    "autodestrucción"

    Respecto de su cuadro "Flor", de 1954, la autora escribió que "mientras contemplaba el estampado floral rojo de un mantel, al levantar la vista vi el mismo estampado cubriendo el techo, las ventanas, las paredes y, finalmente, toda la pieza, mi cuerpo y el Universo. Sentí como si comenzara a autodestruirme, a girar en la infinitud del tiempo y la absolutidad del espacio, para luego ser reducida a la nada".

    Esta idea fue una constante a lo largo de todo su trabajo, ya que en los años 60 migró a Estados Unidos, donde comenzó a exponer formas a gran escala cubiertas de lunares, con colores muy llamativos, que concitaron la atención de artistas como Yoko Ono y Warhol: a este último, Kusama lo acusó de robar sus ideas.

    "Estas obras expresan un deseo de salvación de los trastornos psicológicos y, al mismo tiempo, reflejan su intención de liberar a la sociedad de la opresión absurda", indica el Museo Yayoi Kusama en su página web.

    Por aquellos años se decía que a veces pintaba sin interrupción durante 40 o 50 horas seguidas, a cambio de escaso reconocimiento y menos económico, por lo que volvió a Japón con problemas de salud mental y física.

    El hospital

    "En mi juventud, la psiquiatría no era tan aceptada como ahora", señaló Kusama en su libro "Red infinita", por lo que "tuve que luchar sola contra la ansiedad, por no hablar de las visiones y alucinaciones que a veces me abrumaban".

    La niña que en la década del 30 armaba pequeñas bitácoras sobre las plantas que le hablaban en los huertos, debió volver a casa en medio de críticas en Japón por pintar sobre cuerpos desnudos a fines de los 60.

    En 1973, la muerte de su novio y su papá ahondaron la depresión de Kusama, según el Museo de Arte Moderno Karuizawa. Por esto, es internada en un hospital psiquiátrico en Tokio. Desde allí sigue escribiendo, en un intento de defensa de su obra.

    En 1977, Kusuma se fue a vivir al hospital, con la ventaja de poder salir, por lo que abrió un estudio cerca para seguir pintando.

    Esta rutina la mantuvo hasta su fallecimiento. Internet revivió su obra al ser un escenario perfecto para las fotos, lo cual la llevó a ser la artista viva mejor pagada en 2008, cuando una de sus obras se subastó en US$5,8 millones.

    En 2023, plena era de Instagram, Kusama protagonizó una campaña de Louis Vuitton, junto con sumar cientos de exposiciones en todo el mundo, incluso Chile.

    La idea de renunciar al mundo

    Kusama eligió vivir en un hospital por la enfermedad y críticas hacia su obra. Algo similar le pasó a la poeta mexicana del siglo XVII, Sor Juana Inés de la Cruz, que en el convento encontró lugar para "el ansia de saber. Quiso ir a Dios por el conocimiento", dijo la poeta Gabriela Mistral en el siglo XX, que en la biografía de Lumen señala que "en cuanto vean que soy útil para la casa estoy perdida".

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