-
Daniela Ramírez y su vínculo con Helen Mrugalski en 'Cuerpo Celeste': "Era desde un lugar de confianza"
Las actrices protagonizan la película chilena que mañana se estrena, ambientada en 1990. "Esta película me iba confirmando el por qué soy actriz (...) Sentí que acá todo cobró sentido porque remueve, y porque invita a la gente a reflexionar", asegura Ramírez.
Javiera Palta Olmos
Hay veranos que lo cambian todo. Así, entre la nostalgia, la juventud y un Chile en tránsito hacia la democracia en 1990, nació la historia de 'Cuerpo Celeste', la segunda película de Nayra Ilic García que se estrena mañana en cines nacionales.
La cinta tuvo su estreno mundial en el Festival de Tribeca, donde obtuvo la Mención Especial del Jurado. Posteriormente, dio de qué hablar en diferentes festivales internacionales como el Festival de San Sebastián, así como los de Guadalajara, Mannheim-Heidelberg, SANFIC y Toulouse, además de ser multipremiada en el Festival de Cine de La Habana.
"Esta es una película muy sensible", describe en conversación con este medio la actriz chilena Daniela Ramírez, que interpreta a Consuelo, la madre de Celeste. "Es la historia de una adolescente, de una niña, que está entrando de lleno a su adolescencia en un contexto histórico de Chile donde estamos pasando de la dictadura a la democracia".
Al respecto, explica que "hay un paralelo con esos dos procesos y también hay un evento muy fuerte que hace que, además de estas transiciones que están sucediendo, la vida de Celeste se transforme por completo".
Pero Celeste no es la única que cambia, sino que todo lo que conocía a su alrededor, como su propia madre, que pasa de ser su apoyo incondicional a casi una extraña.
"La Consuelo del inicio de la cinta y la que está después son totalmente diferentes, por decirlo así", adelanta Ramírez. "Y eso es lo más interesante: la óptica está dirigida desde Celeste, entonces lo que vemos es lo que ella ve, como lo percibe. No está ese acento, pero uno sabe que esa persona está fracturada, que esa persona algo la atravesó, que a esa mujer algo la removió, la cambió y la quebró".
"Pero desde la mirada incluso periférica de su hija, se puede ver que esa vida que tenía también se modifica muy abruptamente y tiene que aprender a vivir con eso. Siento que es una película de procesos muy íntimos, de relaciones íntimas", explica.
Familia en el desierto
En un paisaje marcado por la inmensidad del norte chileno, el equipo viajó hasta el desierto para grabar la película, en una experiencia que, asegura la actriz, ayudó a estrechar las relaciones entre todos.
"Fue maravilloso estar en el desierto", comenta, "tiene una energía enorme, el lugar es impresionante. Yo no había ido mucho al desierto y me quedé fascinada con esa sintonía de soledad y de inmensidad", comenta.
"Además", dice, "creo que hace una cohesión de equipo, porque al final estamos todos como con el mismo propósito, eso afiata mucho las relaciones. Aunque eso también depende mucho del buen liderazgo. La Nayra nos dio un espíritu al contar la historia, estábamos todos con ganas de que el proyecto fuese lo que la directora se imaginó. Y además estuvimos en ese escenario que le da mucha potencia a la imagen, mucha belleza, mucha poesía también a ciertos momentos silenciosos".
La relación entre todos fue clave, asegura Ramírez, quien reconoce con una sonrisa tímida que debió conquistar a la protagonista de la cinta, Helen Mrugalski.
"Con la Helen ya había trabajado cuando ella era chiquitita. Hicimos una teleserie, fue un buen proceso, pero no nos acordábamos tanto, éramos dos personas distintas. Y yo sabía que tenía que ganármela, pero desde un lugar de confianza", asegura.
"Al final nos hicimos bien amigas. Y yo era su especie de confidente que a veces la dejaba quedarse un par de horas más en la noche", menciona entre risas, "fue una confianza genuina, no fue algo meditado, nos caímos muy bien y nos quisimos. Es que Helen es una exquisita. Yo creo que la Helen va a ser una gran actriz", prevé.
En eso, recuerda entre risas los regaños y conversaciones con su par y comenta: "Yo creo que en esta película, en general, todas las relaciones hay algo que se siente como si hubiésemos generado esa familia realmente. Hay un fiato que no ocurre siempre. Somos actores actuando, algunos ya habíamos trabajado juntos antes, pero generar esas relaciones tan transversales como un marido, una hija, una hermana, en el caso Consuelo… Cuando vi la película, sentí que pude distanciarme de mí, de mi trabajo, y decir: 'estoy viendo una familia'. Y eso es difícil de lograr".
En esa línea, reconoce que ese mismo lazo hizo que existieran momentos de la cinta más complicados que otros, en algo que iba más allá de la técnica.
"No quiero hacer spoiler, pero tengo un par de escenas más dramáticas que fueron muy complejas. En una de ellas tengo que actuar con violencia contra la Celeste y fue súper duro. Las dos terminamos llorando después. Nos fuimos a la mierda, pero a veces uno entra y eso es lo mejor que te puede pasar: no estás actuándolo, estás viviéndolo. Eso es lo más lindo de actuar, cuando no te das cuenta que estás actuando", relata.
En eso, se toma una pausa y cuenta: "Hay pocas películas que uno hace porque te seducen varios elementos; dirección, la historia, cómo está escrita, quiénes son los compañeros y esta película, cada vez más, me iba confirmando el por qué soy actriz. Siento que mientras grabábamos, me estaba devolviendo eso la película: esa sintonía más sensible, artística y de sentido".
"Creo que a todos nos pasa un poco, que vamos hacia adelante con lo que sabemos, o lo que creemos que somos capaces de hacer y de repente lo del sentido se va. Volver al origen de eso es importante. ¿Por qué elegí esto? ¿Para qué lo hago? Y acá sentí que todo cobró sentido porque remueve, y porque invita a la gente a reflexionar sobre sus relaciones, sobre sus vidas, eso es lo más lindo. Eso es contar historias", dice.
-
Daniela Ramírez y su vínculo con Helen Mrugalski en 'Cuerpo Celeste': "Era desde un lugar de confianza"
Las actrices protagonizan la película chilena que mañana se estrena, ambientada en 1990. "Esta película me iba confirmando el por qué soy actriz (...) Sentí que acá todo cobró sentido porque remueve, y porque invita a la gente a reflexionar", asegura Ramírez.
Javiera Palta Olmos
Hay veranos que lo cambian todo. Así, entre la nostalgia, la juventud y un Chile en tránsito hacia la democracia en 1990, nació la historia de 'Cuerpo Celeste', la segunda película de Nayra Ilic García que se estrena mañana en cines nacionales.
La cinta tuvo su estreno mundial en el Festival de Tribeca, donde obtuvo la Mención Especial del Jurado. Posteriormente, dio de qué hablar en diferentes festivales internacionales como el Festival de San Sebastián, así como los de Guadalajara, Mannheim-Heidelberg, SANFIC y Toulouse, además de ser multipremiada en el Festival de Cine de La Habana.
"Esta es una película muy sensible", describe en conversación con este medio la actriz chilena Daniela Ramírez, que interpreta a Consuelo, la madre de Celeste. "Es la historia de una adolescente, de una niña, que está entrando de lleno a su adolescencia en un contexto histórico de Chile donde estamos pasando de la dictadura a la democracia".
Al respecto, explica que "hay un paralelo con esos dos procesos y también hay un evento muy fuerte que hace que, además de estas transiciones que están sucediendo, la vida de Celeste se transforme por completo".
Pero Celeste no es la única que cambia, sino que todo lo que conocía a su alrededor, como su propia madre, que pasa de ser su apoyo incondicional a casi una extraña.
"La Consuelo del inicio de la cinta y la que está después son totalmente diferentes, por decirlo así", adelanta Ramírez. "Y eso es lo más interesante: la óptica está dirigida desde Celeste, entonces lo que vemos es lo que ella ve, como lo percibe. No está ese acento, pero uno sabe que esa persona está fracturada, que esa persona algo la atravesó, que a esa mujer algo la removió, la cambió y la quebró".
"Pero desde la mirada incluso periférica de su hija, se puede ver que esa vida que tenía también se modifica muy abruptamente y tiene que aprender a vivir con eso. Siento que es una película de procesos muy íntimos, de relaciones íntimas", explica.
Familia en el desierto
En un paisaje marcado por la inmensidad del norte chileno, el equipo viajó hasta el desierto para grabar la película, en una experiencia que, asegura la actriz, ayudó a estrechar las relaciones entre todos.
"Fue maravilloso estar en el desierto", comenta, "tiene una energía enorme, el lugar es impresionante. Yo no había ido mucho al desierto y me quedé fascinada con esa sintonía de soledad y de inmensidad", comenta.
"Además", dice, "creo que hace una cohesión de equipo, porque al final estamos todos como con el mismo propósito, eso afiata mucho las relaciones. Aunque eso también depende mucho del buen liderazgo. La Nayra nos dio un espíritu al contar la historia, estábamos todos con ganas de que el proyecto fuese lo que la directora se imaginó. Y además estuvimos en ese escenario que le da mucha potencia a la imagen, mucha belleza, mucha poesía también a ciertos momentos silenciosos".
La relación entre todos fue clave, asegura Ramírez, quien reconoce con una sonrisa tímida que debió conquistar a la protagonista de la cinta, Helen Mrugalski.
"Con la Helen ya había trabajado cuando ella era chiquitita. Hicimos una teleserie, fue un buen proceso, pero no nos acordábamos tanto, éramos dos personas distintas. Y yo sabía que tenía que ganármela, pero desde un lugar de confianza", asegura.
"Al final nos hicimos bien amigas. Y yo era su especie de confidente que a veces la dejaba quedarse un par de horas más en la noche", menciona entre risas, "fue una confianza genuina, no fue algo meditado, nos caímos muy bien y nos quisimos. Es que Helen es una exquisita. Yo creo que la Helen va a ser una gran actriz", prevé.
En eso, recuerda entre risas los regaños y conversaciones con su par y comenta: "Yo creo que en esta película, en general, todas las relaciones hay algo que se siente como si hubiésemos generado esa familia realmente. Hay un fiato que no ocurre siempre. Somos actores actuando, algunos ya habíamos trabajado juntos antes, pero generar esas relaciones tan transversales como un marido, una hija, una hermana, en el caso Consuelo… Cuando vi la película, sentí que pude distanciarme de mí, de mi trabajo, y decir: 'estoy viendo una familia'. Y eso es difícil de lograr".
En esa línea, reconoce que ese mismo lazo hizo que existieran momentos de la cinta más complicados que otros, en algo que iba más allá de la técnica.
"No quiero hacer spoiler, pero tengo un par de escenas más dramáticas que fueron muy complejas. En una de ellas tengo que actuar con violencia contra la Celeste y fue súper duro. Las dos terminamos llorando después. Nos fuimos a la mierda, pero a veces uno entra y eso es lo mejor que te puede pasar: no estás actuándolo, estás viviéndolo. Eso es lo más lindo de actuar, cuando no te das cuenta que estás actuando", relata.
En eso, se toma una pausa y cuenta: "Hay pocas películas que uno hace porque te seducen varios elementos; dirección, la historia, cómo está escrita, quiénes son los compañeros y esta película, cada vez más, me iba confirmando el por qué soy actriz. Siento que mientras grabábamos, me estaba devolviendo eso la película: esa sintonía más sensible, artística y de sentido".
"Creo que a todos nos pasa un poco, que vamos hacia adelante con lo que sabemos, o lo que creemos que somos capaces de hacer y de repente lo del sentido se va. Volver al origen de eso es importante. ¿Por qué elegí esto? ¿Para qué lo hago? Y acá sentí que todo cobró sentido porque remueve, y porque invita a la gente a reflexionar sobre sus relaciones, sobre sus vidas, eso es lo más lindo. Eso es contar historias", dice.
-
Daniela Ramírez y su vínculo con Helen Mrugalski en 'Cuerpo Celeste': "Era desde un lugar de confianza"
Las actrices protagonizan la película chilena que mañana se estrena, ambientada en 1990. "Esta película me iba confirmando el por qué soy actriz (...) Sentí que acá todo cobró sentido porque remueve, y porque invita a la gente a reflexionar", asegura Ramírez.
Javiera Palta Olmos
Hay veranos que lo cambian todo. Así, entre la nostalgia, la juventud y un Chile en tránsito hacia la democracia en 1990, nació la historia de 'Cuerpo Celeste', la segunda película de Nayra Ilic García que se estrena mañana en cines nacionales.
La cinta tuvo su estreno mundial en el Festival de Tribeca, donde obtuvo la Mención Especial del Jurado. Posteriormente, dio de qué hablar en diferentes festivales internacionales como el Festival de San Sebastián, así como los de Guadalajara, Mannheim-Heidelberg, SANFIC y Toulouse, además de ser multipremiada en el Festival de Cine de La Habana.
"Esta es una película muy sensible", describe en conversación con este medio la actriz chilena Daniela Ramírez, que interpreta a Consuelo, la madre de Celeste. "Es la historia de una adolescente, de una niña, que está entrando de lleno a su adolescencia en un contexto histórico de Chile donde estamos pasando de la dictadura a la democracia".
Al respecto, explica que "hay un paralelo con esos dos procesos y también hay un evento muy fuerte que hace que, además de estas transiciones que están sucediendo, la vida de Celeste se transforme por completo".
Pero Celeste no es la única que cambia, sino que todo lo que conocía a su alrededor, como su propia madre, que pasa de ser su apoyo incondicional a casi una extraña.
"La Consuelo del inicio de la cinta y la que está después son totalmente diferentes, por decirlo así", adelanta Ramírez. "Y eso es lo más interesante: la óptica está dirigida desde Celeste, entonces lo que vemos es lo que ella ve, como lo percibe. No está ese acento, pero uno sabe que esa persona está fracturada, que esa persona algo la atravesó, que a esa mujer algo la removió, la cambió y la quebró".
"Pero desde la mirada incluso periférica de su hija, se puede ver que esa vida que tenía también se modifica muy abruptamente y tiene que aprender a vivir con eso. Siento que es una película de procesos muy íntimos, de relaciones íntimas", explica.
Familia en el desierto
En un paisaje marcado por la inmensidad del norte chileno, el equipo viajó hasta el desierto para grabar la película, en una experiencia que, asegura la actriz, ayudó a estrechar las relaciones entre todos.
"Fue maravilloso estar en el desierto", comenta, "tiene una energía enorme, el lugar es impresionante. Yo no había ido mucho al desierto y me quedé fascinada con esa sintonía de soledad y de inmensidad", comenta.
"Además", dice, "creo que hace una cohesión de equipo, porque al final estamos todos como con el mismo propósito, eso afiata mucho las relaciones. Aunque eso también depende mucho del buen liderazgo. La Nayra nos dio un espíritu al contar la historia, estábamos todos con ganas de que el proyecto fuese lo que la directora se imaginó. Y además estuvimos en ese escenario que le da mucha potencia a la imagen, mucha belleza, mucha poesía también a ciertos momentos silenciosos".
La relación entre todos fue clave, asegura Ramírez, quien reconoce con una sonrisa tímida que debió conquistar a la protagonista de la cinta, Helen Mrugalski.
"Con la Helen ya había trabajado cuando ella era chiquitita. Hicimos una teleserie, fue un buen proceso, pero no nos acordábamos tanto, éramos dos personas distintas. Y yo sabía que tenía que ganármela, pero desde un lugar de confianza", asegura.
"Al final nos hicimos bien amigas. Y yo era su especie de confidente que a veces la dejaba quedarse un par de horas más en la noche", menciona entre risas, "fue una confianza genuina, no fue algo meditado, nos caímos muy bien y nos quisimos. Es que Helen es una exquisita. Yo creo que la Helen va a ser una gran actriz", prevé.
En eso, recuerda entre risas los regaños y conversaciones con su par y comenta: "Yo creo que en esta película, en general, todas las relaciones hay algo que se siente como si hubiésemos generado esa familia realmente. Hay un fiato que no ocurre siempre. Somos actores actuando, algunos ya habíamos trabajado juntos antes, pero generar esas relaciones tan transversales como un marido, una hija, una hermana, en el caso Consuelo… Cuando vi la película, sentí que pude distanciarme de mí, de mi trabajo, y decir: 'estoy viendo una familia'. Y eso es difícil de lograr".
En esa línea, reconoce que ese mismo lazo hizo que existieran momentos de la cinta más complicados que otros, en algo que iba más allá de la técnica.
"No quiero hacer spoiler, pero tengo un par de escenas más dramáticas que fueron muy complejas. En una de ellas tengo que actuar con violencia contra la Celeste y fue súper duro. Las dos terminamos llorando después. Nos fuimos a la mierda, pero a veces uno entra y eso es lo mejor que te puede pasar: no estás actuándolo, estás viviéndolo. Eso es lo más lindo de actuar, cuando no te das cuenta que estás actuando", relata.
En eso, se toma una pausa y cuenta: "Hay pocas películas que uno hace porque te seducen varios elementos; dirección, la historia, cómo está escrita, quiénes son los compañeros y esta película, cada vez más, me iba confirmando el por qué soy actriz. Siento que mientras grabábamos, me estaba devolviendo eso la película: esa sintonía más sensible, artística y de sentido".
"Creo que a todos nos pasa un poco, que vamos hacia adelante con lo que sabemos, o lo que creemos que somos capaces de hacer y de repente lo del sentido se va. Volver al origen de eso es importante. ¿Por qué elegí esto? ¿Para qué lo hago? Y acá sentí que todo cobró sentido porque remueve, y porque invita a la gente a reflexionar sobre sus relaciones, sobre sus vidas, eso es lo más lindo. Eso es contar historias", dice.