• La Era de Hielo: ardillas pueden reconstruir la historia del Ártico

    Estudio analizó el excremento de las prehistóricas ardillas terrestres árticas, donde se reveló su tendencia a acaparar.

    V. Barahona / Agencia EFE

    Scrat corre por los témpanos, salta de uno a otro y rueda colina abajo por los glaciares, con tal de no perder su última bellota en la saga cinematográfica 'La Era de Hielo', inspirada en la última glaciación, que comenzó hace unos 21.000 años y terminó hace 11.500. Esta simulación de animal prehistórico, basado en la mezcla de una ardilla y una rata, es la que tal vez mejor imita a la ardilla terrestre ártica: su excremento ahora sirve para recrear la historia.

    El Centro de Interpretación Beringia, en Yukón, Canadá, es un museo dedicado a la última glaciación, donde los mamuts comparten su papel protagónico con las ardillas terrestres.

    También en el país norteamericano, el Instituto Hakai analizó trece muestras de excrementos de la prehistórica ardilla terrestre ártica (Urocitellus parryii) de entre 30.000 y 700.000 años.

    Estas deposiciones fosilizadas (coprolitos) se conservaron durante milenios en el permafrost de Yukón, y el ADN encontrado en ellos es uno de los más antiguos recuperados y secuenciados.

    Mamuts y microbios

    El ADN analizado procede de cientos de especies de plantas, insectos, microbios y grandes mamíferos, como mamuts lanudos, caballos, y bisontes de la estepa.

    Los coprolitos pueden conservar una variedad de biomoléculas de animales antiguos, incluido ADN tanto del animal que las excretó como del entorno circundante, aunque en los estudios se usan con menos frecuencia que los huesos o los sedimentos.

    En las regiones árticas, las madrigueras de las ardillas terrestres pueden permanecer congeladas y selladas durante miles de años, lo que permite la conservación del material genético de los coprolitos.

    El equipo extrajo una cantidad considerable de ADN ambiental antiguo (aeDNA) de los excrementos, del tamaño de los de un conejo, y luego reconstruyó más de 18 genomas mitocondriales de ardillas terrestres, mamuts lanudos, caballos y bisontes de las estepas.

    Además, descubrieron indicios de otros roedores y depredadores como lobos grises, grandes felinos, ya fueran pumas o guepardos americanos; y más de 200 grupos de plantas.

    Los coprolitos de las ardillas terrestres "conservan instantáneas genéticas de una diversidad extraordinaria de la antigua Beringia, lo que los convierte en un repositorio excepcional" para comprender los cambios evolutivos y ecológicos del pasado remoto, dijo uno de los autores de la investigación, Hendrik Poinar.

    Acaparadoras

    Las actuales ardillas terrestres árticas de Yukón "actúan como ratas acaparadoras, recogiendo gran cantidad de restos de material vegetal, huesos y semillas, y lo llevan a su madriguera", indica la publicación citada por agencia EFE.

    Las ardillas que dejaron esas pruebas hace miles de años son genéticamente distintas de las actuales, pero su comportamiento parece haber sido similar. Los coprolitos permiten vislumbrar los cambios en el paisaje a lo largo de cientos de miles de años y abren la puerta a nuevos descubrimientos. Además, parecen conservar el ADN antiguo incluso mejor que los huesos o el permafrost.

    "Conservan instantáneas genéticas de una diversidad extraordinaria.

    hendrik poinar, biólogo"

    700.000 años sería uno de los registros más antiguos de este pequeño animal en Canadá.

    "como un conejo" fue el equivalente utilizado para graficar la cantidad de heces extraídas del hielo.

  • La Era de Hielo: ardillas pueden reconstruir la historia del Ártico

    Estudio analizó el excremento de las prehistóricas ardillas terrestres árticas, donde se reveló su tendencia a acaparar.

    V. Barahona / Agencia EFE

    Scrat corre por los témpanos, salta de uno a otro y rueda colina abajo por los glaciares, con tal de no perder su última bellota en la saga cinematográfica 'La Era de Hielo', inspirada en la última glaciación, que comenzó hace unos 21.000 años y terminó hace 11.500. Esta simulación de animal prehistórico, basado en la mezcla de una ardilla y una rata, es la que tal vez mejor imita a la ardilla terrestre ártica: su excremento ahora sirve para recrear la historia.

    El Centro de Interpretación Beringia, en Yukón, Canadá, es un museo dedicado a la última glaciación, donde los mamuts comparten su papel protagónico con las ardillas terrestres.

    También en el país norteamericano, el Instituto Hakai analizó trece muestras de excrementos de la prehistórica ardilla terrestre ártica (Urocitellus parryii) de entre 30.000 y 700.000 años.

    Estas deposiciones fosilizadas (coprolitos) se conservaron durante milenios en el permafrost de Yukón, y el ADN encontrado en ellos es uno de los más antiguos recuperados y secuenciados.

    Mamuts y microbios

    El ADN analizado procede de cientos de especies de plantas, insectos, microbios y grandes mamíferos, como mamuts lanudos, caballos, y bisontes de la estepa.

    Los coprolitos pueden conservar una variedad de biomoléculas de animales antiguos, incluido ADN tanto del animal que las excretó como del entorno circundante, aunque en los estudios se usan con menos frecuencia que los huesos o los sedimentos.

    En las regiones árticas, las madrigueras de las ardillas terrestres pueden permanecer congeladas y selladas durante miles de años, lo que permite la conservación del material genético de los coprolitos.

    El equipo extrajo una cantidad considerable de ADN ambiental antiguo (aeDNA) de los excrementos, del tamaño de los de un conejo, y luego reconstruyó más de 18 genomas mitocondriales de ardillas terrestres, mamuts lanudos, caballos y bisontes de las estepas.

    Además, descubrieron indicios de otros roedores y depredadores como lobos grises, grandes felinos, ya fueran pumas o guepardos americanos; y más de 200 grupos de plantas.

    Los coprolitos de las ardillas terrestres "conservan instantáneas genéticas de una diversidad extraordinaria de la antigua Beringia, lo que los convierte en un repositorio excepcional" para comprender los cambios evolutivos y ecológicos del pasado remoto, dijo uno de los autores de la investigación, Hendrik Poinar.

    Acaparadoras

    Las actuales ardillas terrestres árticas de Yukón "actúan como ratas acaparadoras, recogiendo gran cantidad de restos de material vegetal, huesos y semillas, y lo llevan a su madriguera", indica la publicación citada por agencia EFE.

    Las ardillas que dejaron esas pruebas hace miles de años son genéticamente distintas de las actuales, pero su comportamiento parece haber sido similar. Los coprolitos permiten vislumbrar los cambios en el paisaje a lo largo de cientos de miles de años y abren la puerta a nuevos descubrimientos. Además, parecen conservar el ADN antiguo incluso mejor que los huesos o el permafrost.

    "Conservan instantáneas genéticas de una diversidad extraordinaria.

    hendrik poinar, biólogo"

    700.000 años sería uno de los registros más antiguos de este pequeño animal en Canadá.

    "como un conejo" fue el equivalente utilizado para graficar la cantidad de heces extraídas del hielo.

  • Detectan microbasurales con cámaras automáticas e inteligencia artificial

    Imágenes georreferenciadas tras un recorrido peatonal fueron la base del estudio.

    Un mueble en desuso o un refrigerador abandonado en la esquina es el primer indicio de un microbasural, ya que muy pronto será acompañado por ropa vieja o pedazos de madera sobrantes de un arreglo en una casa: esto es lo que busca evitar una innovación de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM). "Desarrollamos un sistema basado en cámaras automáticas e inteligencia artificial (IA) que permite detectar contaminación en las veredas de manera precisa. Esto abre la puerta a tomar decisiones más eficientes y basadas en evidencia para el manejo de residuos en la ciudad", explicó el académico y exdirector del Metro de Santiago, Nicolás Valenzuela.

    El estudio publicado en la revista científica Cities se basó en el análisis de más de 10.000 imágenes georreferenciadas, obtenidas a partir de recorridos peatonales por el centro de Santiago, las que fueron procesadas con un modelo de IA e identificaron la presencia de basura con un 89% de precisión.

    Estos datos luego fueron cruzados con variables urbanas, como la cercanía a zonas comerciales y el transporte, lo que permitió detectar patrones en la distribución de residuos.

    "Este tipo de investigaciones es clave porque permite pasar desde la intuición a la evidencia concreta en la toma de decisiones urbanas. Entregar datos objetivos sobre dónde y por qué se acumula basura puede marcar una diferencia en políticas públicas", agregó Valenzuela.

  • Detectan microbasurales con cámaras automáticas e inteligencia artificial

    Imágenes georreferenciadas tras un recorrido peatonal fueron la base del estudio.

    Un mueble en desuso o un refrigerador abandonado en la esquina es el primer indicio de un microbasural, ya que muy pronto será acompañado por ropa vieja o pedazos de madera sobrantes de un arreglo en una casa: esto es lo que busca evitar una innovación de la Universidad Técnica Federico Santa María (USM). "Desarrollamos un sistema basado en cámaras automáticas e inteligencia artificial (IA) que permite detectar contaminación en las veredas de manera precisa. Esto abre la puerta a tomar decisiones más eficientes y basadas en evidencia para el manejo de residuos en la ciudad", explicó el académico y exdirector del Metro de Santiago, Nicolás Valenzuela.

    El estudio publicado en la revista científica Cities se basó en el análisis de más de 10.000 imágenes georreferenciadas, obtenidas a partir de recorridos peatonales por el centro de Santiago, las que fueron procesadas con un modelo de IA e identificaron la presencia de basura con un 89% de precisión.

    Estos datos luego fueron cruzados con variables urbanas, como la cercanía a zonas comerciales y el transporte, lo que permitió detectar patrones en la distribución de residuos.

    "Este tipo de investigaciones es clave porque permite pasar desde la intuición a la evidencia concreta en la toma de decisiones urbanas. Entregar datos objetivos sobre dónde y por qué se acumula basura puede marcar una diferencia en políticas públicas", agregó Valenzuela.

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