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Llaman a que los niños jueguen con sus pares y así explorar el entorno
Los dispositivos electrónicos estarían limitando la capacidad de regulación, reflejado en ansiedad o problemas de integración.
V. Barahona
Bonnie arma un matrimonio para sus juguetes, ceremonia que problablemente hicieron la mayoría de las niñas del mundo, y cuenta que el dinosaurio madrina se envenena con un pedazo de torta. Las muñecas se horrorizan, pero la noticia es peor cuando llaman a la niña para que vea su nuevo regalo, una tablet: esa es la premisa de Toy Story 5, que se estrenará en Chile en poco menos de una semana con uno de los debates esenciales en estos días, cómo deben jugar los niños.
Woody, el vaquero de plástico que inició el relato en 1995, continúa con su tarea de reasignación de juguetes en desuso y ahora se queja de que cada vez hay más muñecas, osos de peluche y otros seres sin casa porque los niños no están jugando.
Lilypad, la tablet, se ríe de lo anticuado de los juguetes de Bonnie, para luego explicarles que ella es "todo": escribe, lee, traduce. Casi una inteligencia artificial (IA). Algo así está pasando en las calles y plazas chilenas donde cada vez hay menos niños esperando los columpios.
Contar historias sería uno de los factores que llevó a los homínidos a evolucionar hasta el hombre moderno, primero escribiendo con dibujos en las cavernas donde se podían encontrar animales para comer.
En ese contexto, "se necesita que los niños jueguen espontáneamente, que se les den espacios para jugar, curiosear, indagar y explorar. Un juego con normas puede resultar muy bien, pero no es un acto de libertad ni de juego espontáneo, es una actividad lúdica, que es muy distinta al juego", explicó la académica de la Universidad de Chile, Mónica Manhey.
Jugar, agregó la educadora de párvulos y doctora en Ciencias de la Educación, es importante para el área socioemocional, la creatividad, la autonomía, la resolución de conflictos y funciones ejecutivas, como la autorregulación, la memoria y la flexibilidad cognitiva.
Ansiedad infantil
"La falta de juego se correlaciona con mayores niveles de cortisol, que es una respuesta asociada al estrés: eso puede manifestarse en cuadros de ansiedad infantil, dificultades en la integración sensorial, torpezas motrices, sedentarismo y, sobre todo, menor tolerancia a la frustración por falta de espacios seguros de ensayo y error", planteó Manhey.
El juego, cuando ocurre con otros, permite fortalecer la convivencia, socialización, empatía y la capacidad para resolver conflictos. "Cuando los niños juegan, no pierden el tiempo, hay toda una vida para jugar, y ojalá que nosotros también de adultos lo hagamos", agregó.
En tanto, "la pantalla bidimensional limita esta experiencia motora básica. Se altera la intersubjetividad, se debilita el juego con otros y no hay cara a cara con pares. Los estímulos de alta velocidad de las pantallas generan una gratificación inmediata que compite deslealmente con el juego libre, que requiere tolerancia al aburrimiento, esperar turnos, ceder, crear e imaginar", advirtió la académica.
La recomendación no es prohibir el uso de dispositivos, sino enseñar a usarlos con criterio y junto a un adulto, ya que, a juicio de Mahley, las pantallas pueden tener un uso pedagógico cuando amplían el mundo cultural de los pequeños, pero no al reemplazar el contacto con pares, el movimiento, la naturaleza o la exploración del entorno.
"La falta de juego se correlaciona con mayores niveles de cortisol, asociado al estrés.
mónica mahley, educadora de párvulos"
18 de junio se estrenará en Chile la quinta parte de la saga Toy Story, que comenzó en 1995.
artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño consagra el descanso y el juego.
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Llaman a que los niños jueguen con sus pares y así explorar el entorno
Los dispositivos electrónicos estarían limitando la capacidad de regulación, reflejado en ansiedad o problemas de integración.
V. Barahona
Bonnie arma un matrimonio para sus juguetes, ceremonia que problablemente hicieron la mayoría de las niñas del mundo, y cuenta que el dinosaurio madrina se envenena con un pedazo de torta. Las muñecas se horrorizan, pero la noticia es peor cuando llaman a la niña para que vea su nuevo regalo, una tablet: esa es la premisa de Toy Story 5, que se estrenará en Chile en poco menos de una semana con uno de los debates esenciales en estos días, cómo deben jugar los niños.
Woody, el vaquero de plástico que inició el relato en 1995, continúa con su tarea de reasignación de juguetes en desuso y ahora se queja de que cada vez hay más muñecas, osos de peluche y otros seres sin casa porque los niños no están jugando.
Lilypad, la tablet, se ríe de lo anticuado de los juguetes de Bonnie, para luego explicarles que ella es "todo": escribe, lee, traduce. Casi una inteligencia artificial (IA). Algo así está pasando en las calles y plazas chilenas donde cada vez hay menos niños esperando los columpios.
Contar historias sería uno de los factores que llevó a los homínidos a evolucionar hasta el hombre moderno, primero escribiendo con dibujos en las cavernas donde se podían encontrar animales para comer.
En ese contexto, "se necesita que los niños jueguen espontáneamente, que se les den espacios para jugar, curiosear, indagar y explorar. Un juego con normas puede resultar muy bien, pero no es un acto de libertad ni de juego espontáneo, es una actividad lúdica, que es muy distinta al juego", explicó la académica de la Universidad de Chile, Mónica Manhey.
Jugar, agregó la educadora de párvulos y doctora en Ciencias de la Educación, es importante para el área socioemocional, la creatividad, la autonomía, la resolución de conflictos y funciones ejecutivas, como la autorregulación, la memoria y la flexibilidad cognitiva.
Ansiedad infantil
"La falta de juego se correlaciona con mayores niveles de cortisol, que es una respuesta asociada al estrés: eso puede manifestarse en cuadros de ansiedad infantil, dificultades en la integración sensorial, torpezas motrices, sedentarismo y, sobre todo, menor tolerancia a la frustración por falta de espacios seguros de ensayo y error", planteó Manhey.
El juego, cuando ocurre con otros, permite fortalecer la convivencia, socialización, empatía y la capacidad para resolver conflictos. "Cuando los niños juegan, no pierden el tiempo, hay toda una vida para jugar, y ojalá que nosotros también de adultos lo hagamos", agregó.
En tanto, "la pantalla bidimensional limita esta experiencia motora básica. Se altera la intersubjetividad, se debilita el juego con otros y no hay cara a cara con pares. Los estímulos de alta velocidad de las pantallas generan una gratificación inmediata que compite deslealmente con el juego libre, que requiere tolerancia al aburrimiento, esperar turnos, ceder, crear e imaginar", advirtió la académica.
La recomendación no es prohibir el uso de dispositivos, sino enseñar a usarlos con criterio y junto a un adulto, ya que, a juicio de Mahley, las pantallas pueden tener un uso pedagógico cuando amplían el mundo cultural de los pequeños, pero no al reemplazar el contacto con pares, el movimiento, la naturaleza o la exploración del entorno.
"La falta de juego se correlaciona con mayores niveles de cortisol, asociado al estrés.
mónica mahley, educadora de párvulos"
18 de junio se estrenará en Chile la quinta parte de la saga Toy Story, que comenzó en 1995.
artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño consagra el descanso y el juego.
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Reportan numerosos avistamientos de delfines en la Región de Valparaíso
Académico señaló que ahora hay más medios para observarlos y quizás más peces.
Videos y fotos de delfines jugueteando mientras se trasladan en alta mar, han sido publicados durante los últimos días en redes sociales desde la Región de Valparaíso, mostrando decenas de animales.
Sobre la posibilidad de que hayan más delfines en las costas chilenas, el biólogo del Centro de Investigación Marina Quintay (Cimarq) de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Jorge Sánchez, explicó que "lo más probable es que estemos observando una combinación de factores: por un lado existen cambios reales en la distribución de los delfines asociados a las condiciones del océano y, por otro, actualmente hay un esfuerzo de observación mucho mayor gracias al turismo, la ciencia ciudadana y las redes sociales, que permiten registrar prácticamente cualquier avistamiento".
Donde hay más fitoplancton aumentan los peces. Esto atrae a los grandes depredadores, como los delfines. A esto se añade la temperatura del mar, como el inicio del evento meteorológico de El Niño, lo que puede acercar o alejar a estos grandes animales.
"Los delfines son excelentes indicadores de cómo está funcionando el océano, pero no son un termómetro directo de que el ecosistema esté mejor o peor. Su presencia responde a procesos complejos relacionados con la productividad, la temperatura y la disponibilidad de alimento. Más que preguntarnos si hay más delfines, deberíamos preguntarnos qué nos está diciendo el océano cuando los vemos", agregó Sánchez.
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Reportan numerosos avistamientos de delfines en la Región de Valparaíso
Académico señaló que ahora hay más medios para observarlos y quizás más peces.
Videos y fotos de delfines jugueteando mientras se trasladan en alta mar, han sido publicados durante los últimos días en redes sociales desde la Región de Valparaíso, mostrando decenas de animales.
Sobre la posibilidad de que hayan más delfines en las costas chilenas, el biólogo del Centro de Investigación Marina Quintay (Cimarq) de la Universidad Andrés Bello (UNAB), Jorge Sánchez, explicó que "lo más probable es que estemos observando una combinación de factores: por un lado existen cambios reales en la distribución de los delfines asociados a las condiciones del océano y, por otro, actualmente hay un esfuerzo de observación mucho mayor gracias al turismo, la ciencia ciudadana y las redes sociales, que permiten registrar prácticamente cualquier avistamiento".
Donde hay más fitoplancton aumentan los peces. Esto atrae a los grandes depredadores, como los delfines. A esto se añade la temperatura del mar, como el inicio del evento meteorológico de El Niño, lo que puede acercar o alejar a estos grandes animales.
"Los delfines son excelentes indicadores de cómo está funcionando el océano, pero no son un termómetro directo de que el ecosistema esté mejor o peor. Su presencia responde a procesos complejos relacionados con la productividad, la temperatura y la disponibilidad de alimento. Más que preguntarnos si hay más delfines, deberíamos preguntarnos qué nos está diciendo el océano cuando los vemos", agregó Sánchez.