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El tamaño de la recompensa importa para el aprendizaje
Ratones fueron estimulados por porciones más grandes de agua: trabajaron más que los que recibieron pequeñas.
Agencia EFE
Ante una mayor recompensa en un juego, más rápido es el aprendizaje para conseguirlo: un experimento con ratones desmontó la creencia científica de que las nuevas habilidades se adquieren intentando las cosas muchas veces hasta lograr el éxito.
Un estudio con roedores dirigido por investigadores del Instituto Médico Howard Hughes, en Maryland, Estados Unidos, y publicado en la revista Science, probó que el que haya de por medio una recompensa grande produce un aumento sostenido de la dopamina, neurotransmisor del cerebro que ayuda a regular el aprendizaje y la motivación.
Al producir más dopamina por la excitación del gran logro a conseguir, el cerebro se centra más en la tarea que debe realizar, lo cual contribuye a un aprendizaje más rápido.
Los investigadores llegaron a esta conclusión a través de un experimento con ratones sedientos, viendo que a los que dieron unos tragos grandes de agua como recompensa por completar una tarea, la internalizaron más rápido que los ratones recompensados con muchos sorbos pequeños.
Los animales aprendieron la tarea en un día tras recibir menos de diez recompensas grandes, en lugar de tardar muchos más días al recibir miles de compensaciones pequeñas.
Los investigadores también observaron que cuando el logro a conseguir era menos ambicioso, los ratones mostraban mucha variedad en la destreza para conseguirlo. Sin embargo, si el objetivo era de mayor dimensión, todos los animales aprendían la tarea en pocos días.
Atención
Los investigadores descubrieron que las recompensas grandes estimulaban tres procesos que hacían que los animales aprendiesen más rápido: la atención que prestan, cuánto aprenden con cada repetición y cómo recuerdan el conocimiento adquirido de un día para otro.
La clave estaba en que las recompensas más grandes producían mayores aumentos de dopamina que las pequeñas.
Además, las señales de dopamina asociadas a las recompensas mayores duraban más tiempo. De hecho, hicieron otro experimento para prorrogar artificialmente las señales de dopamina asociadas a recompensas pequeñas y comprobaron que el aprendizaje también se producía más rápido en esos casos.
"Creemos que cuando aumentamos considerablemente las respuestas de dopamina en estos experimentos, estamos convirtiendo a todos los 'niños' de nuestra 'aula' en estudiantes realmente comprometidos", afirmó uno de los autores, Luke Coddington, neurocientífico en el Instituto Médico Howard Hughes.
Los autores subrayaron que su trabajo tiene implicaciones para la neurociencia, al concluir que el uso de recompensas baja el tiempo de entrenamiento. "Acabaremos estudiando nuevos aspectos de la cognición que no sabíamos que podíamos estudiar en un ratón. Si conseguimos involucrarlos adecuadamente en la tarea, quién sabe lo que pueden llegar a aprender", agregó Coddington.
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El tamaño de la recompensa importa para el aprendizaje
Ratones fueron estimulados por porciones más grandes de agua: trabajaron más que los que recibieron pequeñas.
Agencia EFE
Ante una mayor recompensa en un juego, más rápido es el aprendizaje para conseguirlo: un experimento con ratones desmontó la creencia científica de que las nuevas habilidades se adquieren intentando las cosas muchas veces hasta lograr el éxito.
Un estudio con roedores dirigido por investigadores del Instituto Médico Howard Hughes, en Maryland, Estados Unidos, y publicado en la revista Science, probó que el que haya de por medio una recompensa grande produce un aumento sostenido de la dopamina, neurotransmisor del cerebro que ayuda a regular el aprendizaje y la motivación.
Al producir más dopamina por la excitación del gran logro a conseguir, el cerebro se centra más en la tarea que debe realizar, lo cual contribuye a un aprendizaje más rápido.
Los investigadores llegaron a esta conclusión a través de un experimento con ratones sedientos, viendo que a los que dieron unos tragos grandes de agua como recompensa por completar una tarea, la internalizaron más rápido que los ratones recompensados con muchos sorbos pequeños.
Los animales aprendieron la tarea en un día tras recibir menos de diez recompensas grandes, en lugar de tardar muchos más días al recibir miles de compensaciones pequeñas.
Los investigadores también observaron que cuando el logro a conseguir era menos ambicioso, los ratones mostraban mucha variedad en la destreza para conseguirlo. Sin embargo, si el objetivo era de mayor dimensión, todos los animales aprendían la tarea en pocos días.
Atención
Los investigadores descubrieron que las recompensas grandes estimulaban tres procesos que hacían que los animales aprendiesen más rápido: la atención que prestan, cuánto aprenden con cada repetición y cómo recuerdan el conocimiento adquirido de un día para otro.
La clave estaba en que las recompensas más grandes producían mayores aumentos de dopamina que las pequeñas.
Además, las señales de dopamina asociadas a las recompensas mayores duraban más tiempo. De hecho, hicieron otro experimento para prorrogar artificialmente las señales de dopamina asociadas a recompensas pequeñas y comprobaron que el aprendizaje también se producía más rápido en esos casos.
"Creemos que cuando aumentamos considerablemente las respuestas de dopamina en estos experimentos, estamos convirtiendo a todos los 'niños' de nuestra 'aula' en estudiantes realmente comprometidos", afirmó uno de los autores, Luke Coddington, neurocientífico en el Instituto Médico Howard Hughes.
Los autores subrayaron que su trabajo tiene implicaciones para la neurociencia, al concluir que el uso de recompensas baja el tiempo de entrenamiento. "Acabaremos estudiando nuevos aspectos de la cognición que no sabíamos que podíamos estudiar en un ratón. Si conseguimos involucrarlos adecuadamente en la tarea, quién sabe lo que pueden llegar a aprender", agregó Coddington.
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El tamaño de la recompensa importa para el aprendizaje
Ratones fueron estimulados por porciones más grandes de agua: trabajaron más que los que recibieron pequeñas.
Agencia EFE
Ante una mayor recompensa en un juego, más rápido es el aprendizaje para conseguirlo: un experimento con ratones desmontó la creencia científica de que las nuevas habilidades se adquieren intentando las cosas muchas veces hasta lograr el éxito.
Un estudio con roedores dirigido por investigadores del Instituto Médico Howard Hughes, en Maryland, Estados Unidos, y publicado en la revista Science, probó que el que haya de por medio una recompensa grande produce un aumento sostenido de la dopamina, neurotransmisor del cerebro que ayuda a regular el aprendizaje y la motivación.
Al producir más dopamina por la excitación del gran logro a conseguir, el cerebro se centra más en la tarea que debe realizar, lo cual contribuye a un aprendizaje más rápido.
Los investigadores llegaron a esta conclusión a través de un experimento con ratones sedientos, viendo que a los que dieron unos tragos grandes de agua como recompensa por completar una tarea, la internalizaron más rápido que los ratones recompensados con muchos sorbos pequeños.
Los animales aprendieron la tarea en un día tras recibir menos de diez recompensas grandes, en lugar de tardar muchos más días al recibir miles de compensaciones pequeñas.
Los investigadores también observaron que cuando el logro a conseguir era menos ambicioso, los ratones mostraban mucha variedad en la destreza para conseguirlo. Sin embargo, si el objetivo era de mayor dimensión, todos los animales aprendían la tarea en pocos días.
Atención
Los investigadores descubrieron que las recompensas grandes estimulaban tres procesos que hacían que los animales aprendiesen más rápido: la atención que prestan, cuánto aprenden con cada repetición y cómo recuerdan el conocimiento adquirido de un día para otro.
La clave estaba en que las recompensas más grandes producían mayores aumentos de dopamina que las pequeñas.
Además, las señales de dopamina asociadas a las recompensas mayores duraban más tiempo. De hecho, hicieron otro experimento para prorrogar artificialmente las señales de dopamina asociadas a recompensas pequeñas y comprobaron que el aprendizaje también se producía más rápido en esos casos.
"Creemos que cuando aumentamos considerablemente las respuestas de dopamina en estos experimentos, estamos convirtiendo a todos los 'niños' de nuestra 'aula' en estudiantes realmente comprometidos", afirmó uno de los autores, Luke Coddington, neurocientífico en el Instituto Médico Howard Hughes.
Los autores subrayaron que su trabajo tiene implicaciones para la neurociencia, al concluir que el uso de recompensas baja el tiempo de entrenamiento. "Acabaremos estudiando nuevos aspectos de la cognición que no sabíamos que podíamos estudiar en un ratón. Si conseguimos involucrarlos adecuadamente en la tarea, quién sabe lo que pueden llegar a aprender", agregó Coddington.
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Registran un récord de viaje de dos ballenas jorobadas
Seguimiento se realizó mediante fotografías en todo el mundo.
Dos ballenas jorobadas marcaron un récord al cruzar más de 14.000 kilómetros de océano abierto entre áreas de reproducción de Australia y Brasil, informó a la agencia EFE la bióloga ecuatoriana Cristina Castro, una de las líderes del estudio, que reunió a investigadores de Australia, Brasil, Ecuador y Estados Unidos.
Es "un avistamiento único en el mundo", dijo Castro, de Pacific Whale Foundation en Ecuador, quien ha trabajado más de 27 años en temas de ballenas y delfines.
"Estos dos animales deberían migrar hacia sus áreas de alimentación y regresar hacia sus áreas de reproducción", pero pasaron de un área de reproducción en Australia hacia dos puntos diferentes de reproducción en Brasil, explicó la académica.
Los cetáceos no tenían ningún dispositivo de rastreo, pero los identificaron con la plataforma Happywhale, que coteja miles de fotografías tomadas en diferentes partes del mundo.
Cada ballena jorobada posee un patrón único en la parte inferior de su cola, similar a una huella digital, formado por pigmentaciones y cicatrices distintas.
Los investigadores fotografían estas colas y construyen catálogos que pueden compararse entre años y regiones. Este estudio utilizó 19.283 fotografías recolectadas entre 1984 y 2025 en el este de Australia y Brasil, aportadas por científicos y aficionados.
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Registran un récord de viaje de dos ballenas jorobadas
Seguimiento se realizó mediante fotografías en todo el mundo.
Dos ballenas jorobadas marcaron un récord al cruzar más de 14.000 kilómetros de océano abierto entre áreas de reproducción de Australia y Brasil, informó a la agencia EFE la bióloga ecuatoriana Cristina Castro, una de las líderes del estudio, que reunió a investigadores de Australia, Brasil, Ecuador y Estados Unidos.
Es "un avistamiento único en el mundo", dijo Castro, de Pacific Whale Foundation en Ecuador, quien ha trabajado más de 27 años en temas de ballenas y delfines.
"Estos dos animales deberían migrar hacia sus áreas de alimentación y regresar hacia sus áreas de reproducción", pero pasaron de un área de reproducción en Australia hacia dos puntos diferentes de reproducción en Brasil, explicó la académica.
Los cetáceos no tenían ningún dispositivo de rastreo, pero los identificaron con la plataforma Happywhale, que coteja miles de fotografías tomadas en diferentes partes del mundo.
Cada ballena jorobada posee un patrón único en la parte inferior de su cola, similar a una huella digital, formado por pigmentaciones y cicatrices distintas.
Los investigadores fotografían estas colas y construyen catálogos que pueden compararse entre años y regiones. Este estudio utilizó 19.283 fotografías recolectadas entre 1984 y 2025 en el este de Australia y Brasil, aportadas por científicos y aficionados.
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Registran un récord de viaje de dos ballenas jorobadas
Seguimiento se realizó mediante fotografías en todo el mundo.
Dos ballenas jorobadas marcaron un récord al cruzar más de 14.000 kilómetros de océano abierto entre áreas de reproducción de Australia y Brasil, informó a la agencia EFE la bióloga ecuatoriana Cristina Castro, una de las líderes del estudio, que reunió a investigadores de Australia, Brasil, Ecuador y Estados Unidos.
Es "un avistamiento único en el mundo", dijo Castro, de Pacific Whale Foundation en Ecuador, quien ha trabajado más de 27 años en temas de ballenas y delfines.
"Estos dos animales deberían migrar hacia sus áreas de alimentación y regresar hacia sus áreas de reproducción", pero pasaron de un área de reproducción en Australia hacia dos puntos diferentes de reproducción en Brasil, explicó la académica.
Los cetáceos no tenían ningún dispositivo de rastreo, pero los identificaron con la plataforma Happywhale, que coteja miles de fotografías tomadas en diferentes partes del mundo.
Cada ballena jorobada posee un patrón único en la parte inferior de su cola, similar a una huella digital, formado por pigmentaciones y cicatrices distintas.
Los investigadores fotografían estas colas y construyen catálogos que pueden compararse entre años y regiones. Este estudio utilizó 19.283 fotografías recolectadas entre 1984 y 2025 en el este de Australia y Brasil, aportadas por científicos y aficionados.