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Usarán $5.300 millones en optimizar una IA para evitar botar comida
La iniciativa une a diversas universidades y centros de estudios con empresas productoras de alimentos.
V. Barahona
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) afirmó el año pasado que en Chile "se pierden a nivel de producción primaria 140 toneladas de arroz al año, 16.550 lechugas por hectárea y 2,7 toneladas por hectárea de papas", es decir, productos que nunca fueron consumidos. Esto sin contar otros productos, como frutas y derivados de animales.
El Ministerio del Medio Ambiente, en línea con esto, mantiene la Estrategia nacional para prevenir y reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos de Chile a 2040, ya que, según explica en su página web, en el país "un 19,2% de la población sufre inseguridad alimentaria". En otros términos, se trata de personas que no saben si van a tener los ingredientes necesarios y saludables para las cuatro comidas diarias.
Por esto, la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) en alianza con las universidades Católica (UC) y de La Serena (ULS), junto al Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA), la consultora para startups agroindustriales Mumulkan y las empresas Carozzi, Cáscara Foods, Nestlé, Nutrisco, Sticta y Viña Concha y Toro, invertirán $5.300 millones para optimizar sus cadenas de producción y evitar el desperdicio.
El monto se distribuirá a lo largo de cinco años en el programa Nuevas Oportunidades de Valorización Alimentaria con Inteligencia Artificial (Nova-IA), porque "queremos que Chile agregue más valor a los alimentos que lleva al mundo, exportando también el conocimiento y la inteligencia alimentaria que hay detrás de ellos", afirmó sobre el proyecto el académico de Ingeniería UC, Pedro Bouchon.
El gerente general de CENIA, Rodrigo Durán, agregó que se pretende aportar "investigación de frontera e infraestructura tecnológica para potenciar la adopción de IA en el sector".
Esto significa desarrollar herramientas para anticipar problemas en las líneas de producción, comprender las tendencias del mercado, identificar las necesidades de los consumidores para crear soluciones innovadoras y valorizar las pérdidas alimentarias.
Por ejemplo, Cáscara Foods declara en su página web que los batidos y suplementos que fabrica son hechos con "pulpas, cáscaras y frutas imperfectas, con un alto potencial nutricional". Esto es recolectado para "recuperar la fibra, vitaminas, antioxidantes y otros nutrientes escondidos en estos alimentos".
Uso de la ia
La UC explicó que se desarrollará IA para "caracterizar mermas y subproductos, explorar nuevas aplicaciones, desarrollar ingredientes funcionales e impulsar modelos de economía circular", porque el objetivo es convertir lo que hoy la industria desecha "en materias primas con valor nutricional, comercial y ambiental". Esta tecnología permite asimismo optimizar los procesos mediante el "uso de modelos predictivos, analítica avanzada, monitoreo inteligente y automatización de líneas de producción".
El gran volumen de datos que ocupan estos modelos de lenguaje llevan también a observar mejor las tendencias de consumo, "generar inteligencia competitiva e identificar oportunidades a partir del comportamiento" de las personas.
"Queremos que Chile agregue más valor a los alimentos, (...) exportando también el conocimiento.
pedro bouchon, ingeniero civil industrial"
5 años durará el programa de inteligencia artificial para los alimentos Nova-IA.
140 toneladas de arroz al año se desperdician en Chile, según la FAO.
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Compuesto de las cáscaras de nueces permite alargar la vida de los alimentos
Investigación surgió debido a que un productor no sabía qué hacer con los desperdicios.
Los frutos secos son cada vez más apreciados en la cocina chilena, gracias a numerosos estudios que confirman su aporte nutricional. Sin embargo, su producción genera miles de toneladas de cáscaras, pieles y otros residuos que son destinados a compostaje, alimentación animal o vertederos, indicó la Universidad de Santiago (USACh).
La académica del Departamento de Ciencia y Tecnología de los Alimentos, Silvia Matiacevich, desde hace años recolecta cáscaras de nueces, tras conocer a un productor que le dijo que "no sabía qué hacer con ellas. Ahí surgió la idea de valorizar ese residuo y estudiar si era posible extraer compuestos naturales con propiedades antioxidantes".
Con los desechos en el laboratorio, la docente junto a su equipo seleccionó los polifenoles y, "al comprobar su actividad antioxidante, pensamos en desarrollar un aditivo natural capaz de aumentar la vida útil de los alimentos".
Después de tres años de investigación y el desarrollo de un método para encapsular el compuesto, el resultado fue "un queso crema, porque es un producto fresco y de carácter lipofílico, es decir, con un alto contenido de grasas que tienden a oxidarse. Al compararlo con un aditivo sintético, vimos que el que desarrollamos obtuvo un desempeño similar e incluso hasta un 10% mejor para aumentar su vida útil". Se espera que la iniciativa pueda salir del laboratorio.