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Hallan en el Altiplano seres que pueden reconstruir su cuerpo
Seis tipos de planarias viven en Chile, a las que ahora se sumó una en el norte, que medra bajo una alta radiación UV.
V.B.V.
A más de 4.300 metros sobre el nivel del mar, el campo geotérmico (géiseres) de El Tatio, en la Región de Antofagasta, es considerado uno de los ambientes más inhóspitos del planeta. Sin embargo, allí viven planarias, criaturas de poco más de un centímetro de largo que no envejecen y que, además, son capaces de reconstruir su cuerpo ante inconvenientes.
Investigadores de las universidades de Chile, Bernardo O'Higgins (UBO) y Andrés Bello (UNAB) encontraron a estos seres de poco más de un centímetro de largo, cuerpo marrón oscuro y una pequeña cabeza triangular con dos "ojos": planarias de agua dulce perteneciente al género Girardia, "cuya existencia era desconocida para la ciencia", indicó la U. de Chile.
Hasta el momento se conocían seis linajes de planarias a lo largo del país. Ahora, el nuevo hallazgo fue publicado en la revista científica BMC Ecology and Evolution, donde se exploraron los mecanismos que han permitido sobrevivir a estos seres en el Altiplano, cuyo suelo "no solo es árido, sino que presenta toxicidad por metales, alta salinidad, gran fluctuación de temperaturas y bajas concentraciones de nutrientes", detalló el académico de la U. de Chile Miguel Allende.
Conocer en detalle su estrategia evolutiva "es muy importante para entender cómo los cambios ecosistémicos son sobrellevados, o no, por los distintos grupos de organismos", agregó el biólogo.
Comer y expulsar
Las planarias son un grupo de gusanos planos con forma de hoja o cinta. Aquellas pertenecientes al género Girardia, como las asociadas a este descubrimiento, se caracterizan por su cabeza de forma triangular y una boca tubular ubicada en su abdomen, que usan tanto para comer como para expulsar sus desechos.
En su cabeza tienen dos manchas oculares que parecen ojos, pero en realidad son sensores que les permiten detectar la dirección e intensidad de la luz, normalmente para evitarla y esconderse en lugares oscuros y húmedos, como bajo las piedras, hojas o troncos.
En Chile, una de las más conocidas es la planaria gigante valdiviana, popularmente llamada "lengua de vaca", que puede medir entre 15 y 20 centímetros, aunque la mayoría mide apenas unos milímetros o centímetros.
Sin embargo, su aspecto más llamativo es que "cuando una planaria es cortada, estas células (madres llamadas neoblastos) se activan, proliferan y generan las células necesarias para reconstruir las estructuras que faltan", afirmó la investigadora de la UBO, Constanza Vásquez.
"Además, algunas especies pueden reproducirse asexualmente mediante fragmentación. De esta forma, cada fragmento puede regenerar un organismo completo, dando origen a individuos prácticamente iguales al original", destacó la bioquímica.
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Hallan en el Altiplano seres que pueden reconstruir su cuerpo
Seis tipos de planarias viven en Chile, a las que ahora se sumó una en el norte, que medra bajo una alta radiación UV.
V.B.V.
A más de 4.300 metros sobre el nivel del mar, el campo geotérmico (géiseres) de El Tatio, en la Región de Antofagasta, es considerado uno de los ambientes más inhóspitos del planeta. Sin embargo, allí viven planarias, criaturas de poco más de un centímetro de largo que no envejecen y que, además, son capaces de reconstruir su cuerpo ante inconvenientes.
Investigadores de las universidades de Chile, Bernardo O'Higgins (UBO) y Andrés Bello (UNAB) encontraron a estos seres de poco más de un centímetro de largo, cuerpo marrón oscuro y una pequeña cabeza triangular con dos "ojos": planarias de agua dulce perteneciente al género Girardia, "cuya existencia era desconocida para la ciencia", indicó la U. de Chile.
Hasta el momento se conocían seis linajes de planarias a lo largo del país. Ahora, el nuevo hallazgo fue publicado en la revista científica BMC Ecology and Evolution, donde se exploraron los mecanismos que han permitido sobrevivir a estos seres en el Altiplano, cuyo suelo "no solo es árido, sino que presenta toxicidad por metales, alta salinidad, gran fluctuación de temperaturas y bajas concentraciones de nutrientes", detalló el académico de la U. de Chile Miguel Allende.
Conocer en detalle su estrategia evolutiva "es muy importante para entender cómo los cambios ecosistémicos son sobrellevados, o no, por los distintos grupos de organismos", agregó el biólogo.
Comer y expulsar
Las planarias son un grupo de gusanos planos con forma de hoja o cinta. Aquellas pertenecientes al género Girardia, como las asociadas a este descubrimiento, se caracterizan por su cabeza de forma triangular y una boca tubular ubicada en su abdomen, que usan tanto para comer como para expulsar sus desechos.
En su cabeza tienen dos manchas oculares que parecen ojos, pero en realidad son sensores que les permiten detectar la dirección e intensidad de la luz, normalmente para evitarla y esconderse en lugares oscuros y húmedos, como bajo las piedras, hojas o troncos.
En Chile, una de las más conocidas es la planaria gigante valdiviana, popularmente llamada "lengua de vaca", que puede medir entre 15 y 20 centímetros, aunque la mayoría mide apenas unos milímetros o centímetros.
Sin embargo, su aspecto más llamativo es que "cuando una planaria es cortada, estas células (madres llamadas neoblastos) se activan, proliferan y generan las células necesarias para reconstruir las estructuras que faltan", afirmó la investigadora de la UBO, Constanza Vásquez.
"Además, algunas especies pueden reproducirse asexualmente mediante fragmentación. De esta forma, cada fragmento puede regenerar un organismo completo, dando origen a individuos prácticamente iguales al original", destacó la bioquímica.
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Hallan en el Altiplano seres que pueden reconstruir su cuerpo
Seis tipos de planarias viven en Chile, a las que ahora se sumó una en el norte, que medra bajo una alta radiación UV.
V.B.V.
A más de 4.300 metros sobre el nivel del mar, el campo geotérmico (géiseres) de El Tatio, en la Región de Antofagasta, es considerado uno de los ambientes más inhóspitos del planeta. Sin embargo, allí viven planarias, criaturas de poco más de un centímetro de largo que no envejecen y que, además, son capaces de reconstruir su cuerpo ante inconvenientes.
Investigadores de las universidades de Chile, Bernardo O'Higgins (UBO) y Andrés Bello (UNAB) encontraron a estos seres de poco más de un centímetro de largo, cuerpo marrón oscuro y una pequeña cabeza triangular con dos "ojos": planarias de agua dulce perteneciente al género Girardia, "cuya existencia era desconocida para la ciencia", indicó la U. de Chile.
Hasta el momento se conocían seis linajes de planarias a lo largo del país. Ahora, el nuevo hallazgo fue publicado en la revista científica BMC Ecology and Evolution, donde se exploraron los mecanismos que han permitido sobrevivir a estos seres en el Altiplano, cuyo suelo "no solo es árido, sino que presenta toxicidad por metales, alta salinidad, gran fluctuación de temperaturas y bajas concentraciones de nutrientes", detalló el académico de la U. de Chile Miguel Allende.
Conocer en detalle su estrategia evolutiva "es muy importante para entender cómo los cambios ecosistémicos son sobrellevados, o no, por los distintos grupos de organismos", agregó el biólogo.
Comer y expulsar
Las planarias son un grupo de gusanos planos con forma de hoja o cinta. Aquellas pertenecientes al género Girardia, como las asociadas a este descubrimiento, se caracterizan por su cabeza de forma triangular y una boca tubular ubicada en su abdomen, que usan tanto para comer como para expulsar sus desechos.
En su cabeza tienen dos manchas oculares que parecen ojos, pero en realidad son sensores que les permiten detectar la dirección e intensidad de la luz, normalmente para evitarla y esconderse en lugares oscuros y húmedos, como bajo las piedras, hojas o troncos.
En Chile, una de las más conocidas es la planaria gigante valdiviana, popularmente llamada "lengua de vaca", que puede medir entre 15 y 20 centímetros, aunque la mayoría mide apenas unos milímetros o centímetros.
Sin embargo, su aspecto más llamativo es que "cuando una planaria es cortada, estas células (madres llamadas neoblastos) se activan, proliferan y generan las células necesarias para reconstruir las estructuras que faltan", afirmó la investigadora de la UBO, Constanza Vásquez.
"Además, algunas especies pueden reproducirse asexualmente mediante fragmentación. De esta forma, cada fragmento puede regenerar un organismo completo, dando origen a individuos prácticamente iguales al original", destacó la bioquímica.
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Académica pide calma a los adultos por "batallas de aura"
Los jóvenes se juntan en las plazas a "farmear aura".
Hasta comunas rurales como Chimbarongo, en la Región de O'Higgins, han convocado en los últimos días "batallas de farmear aura", donde los adolescentes realizan diversos gestos y movimientos frente a sus contrincantes, como una demostración de personalidad. Lo que nació como un código de internet y los videojuegos, llegó a las calles, explicó la académica de Psicología en la Uniacc, Camila Navarrete: "Debajo de una expresión nueva hay algo bastante propio de este grupo etario: explorar quién soy, cómo quiero ser visto y qué lugar ocupo entre mis pares. Los adolescentes de otras generaciones también tuvieron códigos, estéticas, modas y formas de obtener reconocimiento".
Navarrete solicitó a los adultos que "no miren solamente la conducta, sino sus efectos. Que un adolescente participe en una batalla, suba un video o utilice estos códigos no constituye por sí solo una señal de alarma. Me preocuparía más observar cambios como una necesidad cada vez mayor de aprobación, angustia intensa cuando recibe críticas o pocas interacciones, la comparación constante con otros, dejar actividades que antes disfrutaba porque 'no dan aura' o por miedo a hacer el ridículo, exponerse a situaciones peligrosas únicamente para obtener reconocimiento, conflictos importantes con amigos; o cambios en el ánimo, sueño, rendimiento o relaciones".
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Académica pide calma a los adultos por "batallas de aura"
Los jóvenes se juntan en las plazas a "farmear aura".
Hasta comunas rurales como Chimbarongo, en la Región de O'Higgins, han convocado en los últimos días "batallas de farmear aura", donde los adolescentes realizan diversos gestos y movimientos frente a sus contrincantes, como una demostración de personalidad. Lo que nació como un código de internet y los videojuegos, llegó a las calles, explicó la académica de Psicología en la Uniacc, Camila Navarrete: "Debajo de una expresión nueva hay algo bastante propio de este grupo etario: explorar quién soy, cómo quiero ser visto y qué lugar ocupo entre mis pares. Los adolescentes de otras generaciones también tuvieron códigos, estéticas, modas y formas de obtener reconocimiento".
Navarrete solicitó a los adultos que "no miren solamente la conducta, sino sus efectos. Que un adolescente participe en una batalla, suba un video o utilice estos códigos no constituye por sí solo una señal de alarma. Me preocuparía más observar cambios como una necesidad cada vez mayor de aprobación, angustia intensa cuando recibe críticas o pocas interacciones, la comparación constante con otros, dejar actividades que antes disfrutaba porque 'no dan aura' o por miedo a hacer el ridículo, exponerse a situaciones peligrosas únicamente para obtener reconocimiento, conflictos importantes con amigos; o cambios en el ánimo, sueño, rendimiento o relaciones".
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Académica pide calma a los adultos por "batallas de aura"
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Hasta comunas rurales como Chimbarongo, en la Región de O'Higgins, han convocado en los últimos días "batallas de farmear aura", donde los adolescentes realizan diversos gestos y movimientos frente a sus contrincantes, como una demostración de personalidad. Lo que nació como un código de internet y los videojuegos, llegó a las calles, explicó la académica de Psicología en la Uniacc, Camila Navarrete: "Debajo de una expresión nueva hay algo bastante propio de este grupo etario: explorar quién soy, cómo quiero ser visto y qué lugar ocupo entre mis pares. Los adolescentes de otras generaciones también tuvieron códigos, estéticas, modas y formas de obtener reconocimiento".
Navarrete solicitó a los adultos que "no miren solamente la conducta, sino sus efectos. Que un adolescente participe en una batalla, suba un video o utilice estos códigos no constituye por sí solo una señal de alarma. Me preocuparía más observar cambios como una necesidad cada vez mayor de aprobación, angustia intensa cuando recibe críticas o pocas interacciones, la comparación constante con otros, dejar actividades que antes disfrutaba porque 'no dan aura' o por miedo a hacer el ridículo, exponerse a situaciones peligrosas únicamente para obtener reconocimiento, conflictos importantes con amigos; o cambios en el ánimo, sueño, rendimiento o relaciones".