Viernes, 24 de Abril de 2020
  • "Voy al supermercado y soy como un agente de curiosidad, como poroto en paila marina"

    El compatriota llegó al país euroasiático el 28 de febrero y no pensaba quedarse allá más de dos semanas, pero debido al cierre de las fronteras por el Covid-19 ya lleva casi ocho. A estas alturas, ya le hicieron hasta una nota de televisión en azerí.

    Natividad Espinoza R.

    El 8 de enero de 2019 empezó la travesía del periodista y escritor Nicolás Rojas (30). Ese día, el chileno partió rumbo a Barcelona a hacer un máster en Patrimonio Mundial y Proyectos Culturales para el Desarrollo en la Universidad de Barcelona. Cuando terminó el programa de estudios, en mayo de ese año, viajó a Marruecos, Egipto y Túnez, pero no se detuvo ahí.

    Hoy, con más de 30 países recorridos, Rojas se encuentra atrapado en nada menos que la república de Azerbaiyán, que forma parte de los siete países euroasiáticos. Llegó el pasado 28 de febrero y no pensaba permanecer más de dos semanas.

    Los primeros siete días estuvo en Bakú, la capital, y luego se fue a un pueblo de 70.000 habitantes llamado Sheki, un monumento histórico que fue construido en el siglo XVIII en la Gran Ruta de la Seda. Ahí estaba cuando el sábado 14 de marzo, la noche anterior al día que partiría rumbo a Georgia, recibió un mensaje que le avisó que la frontera estaba cerrada y seguiría así por los próximos10 días.

    A casi un mes y medio de la llegada de ese mensaje, el periodista no ha podido salir del país donde el 95% de la población es musulmana. Es más, hoy, con un total de 1.518 casos y 20 muertos por Covid-19, está en cuarentena total.

    "He visto morir la ciudad. Antes tenía mucha vida, había mucho comercio abierto, había librerías, una tienda de ropa, un lugar donde los jóvenes juegan Playstation. Muchos sitios para tomar té", contó Nicolás a hoyxhoy. Pero días después del cierre de la frontera con Georgia, el comercio empezó a dejar de funcionar cada vez más temprano, hasta que dejó de abrir.

    Actualmente, Rojas pasa la mayor parte del día en la pieza que le está arrendando una familia formada por una madre y sus dos hijos. De ahí sólo sale para comer (viendo televisión azerbaiyana), ir al baño o ir al supermercado a comprar agua, maní, papas fritas, chocolate, yogur. Algo que hace "sólo algunas veces", dijo.

    Mientras está en la habitación, donde tiene dos camas y un escritorio, Nicolás ve documentales, duerme -hace poco hasta se le apareció un indignado Bernardo de la Maza en un sueño- y avanza en los dos libros que está escribiendo: uno de viajes y otro sobre su particular experiencia en Azerbaiyán, que tendrá el título "All borders are closed" ("Todas las fronteras están cerradas").

    "Como todos los días son medios iguales, estoy un poco perdido en el tiempo. No sabía que llevaba tanto tiempo", confesó tras ser consultado sobre fechas concretas.

    Poroto en paila marina

    Desde su llegada a Azerbaiyán, Rojas no ha pasado desapercibido. Pese a no hablar azerí, el idioma oficial, ni ruso, que es el otro idioma que se habla allá debido a que fue un país soviético, la personalidad sociable del escritor le permitió hacer amigos. Durante sus primeros días en Sheki conoció a través de Couchsurfing (un sitio donde se comparten intercambios de hospitalidad) a Namig, un músico azerbaiyano que habla inglés, y con quien se juntó tres veces antes de que empezara a regir la cuarentena total. Una de esas veces fue justamente la noche del 14 de marzo, cuando Nicolás supo que al otro día no iba a poder viajar.

    "Esa misma noche le tocó cantar en un matrimonio y después en un restorán. Me pasó a buscar y me llevó a probar piti, un plato tradicional que tiene garbanzos y carne", contó el chileno.

    Luego de una jornada en que además tuvo el privilegio de ir al VIP de un restorán y de que su amigo le cantara ahí mismo, Rojas, junto a Namig y otros músicos iban de vuelta a sus hogares -o alojamientos- cuando se les pinchó un neumático, para coronar un perfecto día de mala suerte que Nicolás calificó como "mágico".

    Asimismo, durante su estadía en el país rodeado por el mar Caspio y las montañas del Cáucaso, el periodista ha podido comunicarse con otras personas que le han dado a entender que allá Chile es un territorio casi totalmente desconocido.

    "Antes de la cuarentena la gente de la casa -donde se encuentra alojado- me llevó a visitar a unos parientes que viven en las montañas. Con atlas en mano les pregunté a unos niños dónde estaba Chile y ellos indicaron lugares como Asia y América del Norte, hasta que uno apuntó el archipiélago de Juan Fernández", aseguró.

    Con dos de las tres personas de la casa se comunica gracias a Google Translate, pero afortunadamente el tercero de ellos habla inglés.

    De acuerdo a Rojas, "la gente aquí es muy buena, son muy generosos. Imagínate alguien nuevo en un pueblo en que siempre está la misma gente y de repente el nuevo anda dando vueltas, va al supermercado, es como un agente de curiosidad para la gente. Soy como poroto en paila marina".

    Tanto así, que hace unos días un canal de televisión azerbaiyano lo entrevistó e hizo una nota sobre el chileno atrapado en Azerbaiyán debido al Covid-19. Por supuesto, de lo que se dijo en ésta Nicolás no entendió casi nada.

    "Como todos los días son medios iguales, estoy un poco perdido en el tiempo. No sabía que llevaba tanto tiempo."

    "Imagínate a alguien nuevo en un pueblo en que siempre está la misma gente y de repente el nuevo anda dando vueltas..."

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